«No podemos dejar que la sostenibilidad se convierta en un concepto vago»

«Saber cuáles son las prioridades a abordar desde el punto de vista medioambiental es una manera de asegurar la entrada de dinero en los territorios rurales»

Sandra Magro estudió Biología y, durante su último año de carrera, conoció al que fuera su mentor, Luis Balaguer. En ese periodo conectó con un propósito vital: frenar la degradación de los ecosistemas. Siguiendo esta dirección, se doctoró en Restauración Ecológica y decidió que aportaba más a pie de calle, ayudando a empresas y administraciones a ser sostenibles. Así nació Creando Redes hace ahora seis años. Esta consultora desarrolla su labor a distintos niveles: transformando las organizaciones, sus estrategias de sostenibilidad y políticas internas; actuando en proyectos que aseguren un impacto positivo en el medio ambiente y acompañando el desarrollo del personal técnico a través de su línea de formación.

–¿Cómo cree que deben ser los territorios rurales inteligentes?

–Sobre todo lo que deben es estar poblados. Las personas lo son todo. Las comunidades locales con recursos y con una visión integral de la sostenibilidad (ambiental, social y económica) son las únicas que pueden transformar los territorios y sacarles el máximo partido, creando valor más allá de sus propios proyectos.

Desde el punto de vista medioambiental, el territorio inteligente es el que es capaz de integrar su actividad con la conservación y restauración de los ecosistemas.

–¿Cuáles cree que son las principales fortalezas y debilidades de los espacios rurales hoy en día?

–Desde mi punto de vista la fortaleza son los recursos naturales, sin duda. Yo que vivo en una ciudad, estoy deseando tener un minuto para salir a la sierra o a cualquier entorno rural a tomar el aire, y más ahora. La naturaleza es el motor de prosperidad de estos territorios. Es importante ponerlos en valor y que la población local también identifique que eso es así. Otro valor, como decía antes, son las personas. El tejido social de los entornos rurales es el principal motor de desarrollo. En las ciudades, aunque estemos todos muy concentrados, estamos dispersos; no nos conocemos de nada, no existen redes de confianza y así es difícil hacer casi nada. Yo tengo mucha confianza en la gente y creo que si hay propósitos comunes somos imparables.

En la parte de las debilidades diría que, en ocasiones, el acceso a los recursos económicos es un freno para el desarrollo. Pero también ahora, y más con los fondos de recuperación de la covid, no creo que esta sea la mayor limitación. Tener el conocimiento necesario sobre las prioridades a abordar desde el punto de vista medioambiental es, hoy en día, una manera de asegurar la entrada de dinero en los territorios. Nosotras ya trabajamos en esto con los ayuntamientos. Lo tenemos claro.

–La conectividad digital y de infraestructuras se consideran dos necesidades prioritarias para la revitalización rural, ¿cómo pueden avanzarse de manera ‘verde’?

–Tanto la digitalización como la creación de infraestructuras pueden ayudar a la transformación sostenible de los territorios. Lo que tenemos que saber es para qué digitalizamos o desarrollamos nuevas infraestructuras. Creo firmemente que la sostenibilidad no se improvisa. Hay que tener un plan. Analizar cada territorio en detalle, saber qué es lo que necesita cada espacio y cómo se puede fomentar el desarrollo sostenible con los recursos que hay. Poner los recursos al servicio del plan y no al revés. En cualquier caso, creo que la digitalización es útil de muchas maneras: el levantamiento de información ambiental, el análisis de datos y el apoyo a la toma de decisiones; además de la conexión entre personas que pueden sacar proyectos adelante aun estando muy alejadas.

–Durante esta crisis sanitaria la percepción de la población sobre los entornos rurales ha mejorado muchísimo, ¿es su capital natural su principal atractivo?

–Estar encerrados, especialmente a los que vivimos alejados del campo, nos ha hecho darnos cuenta de qué es lo que consideramos ‘calidad de vida’. El capital natural es precisamente una fuente de bienestar. Se sabe ya que tener espacios naturales cerca de casa mejora nuestra salud mental. Además, si el espacio está bien conservado, seguramente nos incite a llevar una vida más activa y saludable.

El cambio de tendencia creo que se debe a que nos hemos dado cuenta de que la salud es lo más importante y que vivir en un entorno amable, sin agresiones, con baja densidad de personas es muy beneficioso, especialmente cuando es la aglomeración y la degradación ambiental lo que nos deja más expuestos a las pandemias y sus efectos.

«La restauración de ecosistemas puede ayudarnos a ser más resilientes, a sufrir menos los efectos del calentamiento global»

–El futuro a medio y largo plazo, tanto de las ciudades como de los pueblos ¿qué papel juega la restauración ecológica?

–La restauración ecológica es una herramienta, un enfoque para renaturalizar las ciudades y mejorar el estado de conservación de los entornos rurales. El cambio climático y la degradación que ya hemos generado en la naturaleza compromete tanto nuestro bienestar como nuestra economía. En este sentido, la restauración de ecosistemas puede ayudarnos a ser más resilientes, a sufrir menos los efectos negativos del calentamiento global y a vivir en espacios más amables donde, además, podamos desarrollar nuestra actividad de manera compatible con el resto de especies naturales que nos acompañan.

–¿Están la sociedad, las empresas y las instituciones públicas comprometidas de manera suficiente con la preservación ambiental?

–Pues aquí te diría que depende. Mi reflexión es que seguramente si vamos al detalle y le preguntamos a cada persona si cree que merece la pena cuidar el medio ambiente, te diga que sí sin pensárselo. Sin embargo, la sostenibilidad implica en algunos casos renunciar a algunos privilegios, hacer las cosas de otra manera y ahí es donde surgen las resistencias. Trabajo día a día con empresas y administraciones que están verdaderamente comprometidas, que quieren cambiar las cosas. Por eso me encanta el trabajo que hacemos en Creando Redes, porque creo que somos capaces de generar un cambio real. El resto de convencidos irán llegando poco a poco. Lo que está claro es que queda trabajo por hacer y que no tenemos mucho tiempo, así que todo lo que consigamos acelerar la transición ecológica, es mejor para todos.

–¿La restauración ecológica puede ser, además, una oportunidad de negocio o laboral en las zonas rurales?

–La restauración ecológica y las soluciones basadas en la naturaleza, en general, son parte de las opciones de empleo verde y de la transición hacia economías bajas en carbono, que es exactamente lo que nos está pidiendo Europa que impulsemos en los territorios, tanto en las ciudades como en zonas rurales.

La adaptación de las urbes y entornos periurbanos al cambio climático creo que es una de las actividades más prometedoras de los próximos años. Pero, como te decía antes, lo que tenemos que ver es qué tipo de restauración necesita cada territorio y no ponernos como locos a plantar árboles como medida principal de reverdecimiento. Así es como creo que se usan ineficientemente los recursos y creo que eso es algo que no nos podemos permitir. No podemos convertir la sostenibilidad en algo naif, en un concepto vago que las personas tengan la idea de que no sirve para nada más que para gastar dinero.

–¿Qué tipo de emprendimiento de perfil eco encuentra en las zonas rurales el lugar perfecto para su desarrollo?

–Hay múltiples modelos de negocio que pueden funcionar, la cosa es ver cómo hacerlos rentables. Lo eco tiene que ser una fuente real de recursos económicos con el valor añadido de generar beneficio social y ambiental. Si no, no vamos a conseguir generar una transición ecológica real. No vamos a querer una economía que sintamos que es ‘peor’ que la que tenemos ahora. Los emprendimientos pueden ser desde consultoras como la mía, hasta empresas que fomenten la producción local de manera respetuosa con la biodiversidad y el medio ambiente, el turismo sostenible… Tenemos un mundo de posibilidades por delante, lo importante dibujar la estrategia para usar los recursos de la manera más eficiente.

Por: Saray Ceballos, El Diario Montañés