¿Por qué la carne sí, pero la leche no?

Los objetivos declarados por la UE en el Acuerdo Verde Europeo y la estrategia de la granja a la mesa resaltan explícitamente la necesidad de capacitar a los consumidores para facilitar la elección de dietas saludables y sostenibles. Entonces , ¿por qué la carne si y la leche no?

Por: ALBERT MOLINS RENTER

El pasado viernes, el Parlamento Europeo vivió una votación extraña. Por un lado rechazó la enmienda 165 de la Política Agraria Común (PAC), y por tanto permitía que los productos hechos con carne vegetal puedan ser denominados como hamburguesa o salchicha. Por contra, aprobaba la enmienda 171 de la propia PAC, por la que no solo se ratificaba que los lácteos hechos a partir de plantas no se puedan llamar leche de soja o queso vegetal -prohibición en vigor desde 2017-, sino que tampoco pueden usar ninguna referencia en sus envases que recuerde a los lácteos tradicionales, ni emplear términos descriptivos como estilo yogur y alternativa al queso. Tampoco están autorizados a hacer declaraciones de salud como “sin lactosa», “bajo en grasa» o menciones a las bondades medioambientales de los productos vegetales.

La decisión del legislativo europeo es, como mínimo, curiosa porque estamos ante la misma situación. Dos productos que imitan a otro hecho con proteína animal y que pretenden ser su alternativa, pero elaborada a partir de proteína vegetal. La carne vegetal se podrá llamar como tal, y los lácteos no.

Así lo manifestaba la oenegé ProVeg que, tras saberse el resultado de la votación, decía que “nos resulta inconcebible cómo el Parlamento Europeo ha podido adoptar una posición tan positiva en una esfera y una posición tan negativa en la otra». Por su parte, desde Upfield, una de las empresas afectadas por la resolución del Parlamento Europeo, señalaban que “este hecho pone aún más de manifiesto que la prohibición sobre las alternativas vegetales a los lácteos es arbitraria e inconsistente, además de desproporcionada. Esta nueva limitación obstaculizará que los alimentos vegetales tengan un acceso justo y en igualdad de condiciones al mercado». Ambos lobbies, tanto el de la carne como el delos lácteos, han hecho su trabajo estos días en Bruselas, así como las organizaciones que defienden un cambio en el sistema alimentario europeo, que abandone progresivamente el consumo de carne y adopte más alimentos de origen vegetal, más saludable para las personas y el planeta.

Desde ProVeg tampoco entienden que se haya desestimado una opción que “está alineada con los objetivos declarados por la UE en el Acuerdo Verde Europeo y en la estrategia de la granja a la mesa, que resaltan explícitamente la necesidad de capacitar a los consumidores para facilitar la elección de dietas saludables y sostenibles».

Parte de la industria cárnica ha estado apoyando que tanto la prohibición de las hamburguesas vegetales como la de los lácteos no saliera adelante. Grandes grupos cárnicos españoles como Campofrío o Argal, conjuntamente con multinacionales como Unilever y empresas que se dedican a la elaboración de lácteos vegetales como Upfield, se han posicionado públicamente, en contra de ambas enmiendas, y han mandado cartas a los eurodiputados españoles para que las rechazaran. La Organización Europea de Consumidores también mostró su rechazo a las enmiendas y tras la votación dejó claro que el resultado -en el caso de los lácteos “no tiene nada que ver con la protección del consumidor», como aseguraban los lobbies de la carne -sobre todo el francés-y de los derivados de la leche. Seguramente, dicen fuentes del movimiento pro alimentos vegetales, eso fue así porque la industria cárnica está intentando adaptarse a los nuevos tiempos. Y también porque muchas empresas ya están plenamente posicionadas con sus propias hamburguesas, salchichas y albóndigas para vegetarianos y veganos en el mercado de la carne hecha a partir de plantas, y por tanto poco dispuestas a permitir que se pierdan las inversiones realizadas.

Por qué no ha pasado lo mismo con las lácteas, que también han empezado a desarrollar sus gamas vegetales, por las que no dejan de apostar, es lo que las mismas fuentes no entienden. El mercado de los lácteos vegetales confía en que las cosas caigan por su propio peso, ya que los consumidores tienen integrado en su lenguaje cotidiano expresiones como leche de soja que, a pesar de estar prohibidas, se usan de forma habitual.

Fuente: La Vanguardia