El «default» argentino

Argentina, al borde de una nueva crisis mayor a la sanitaria por suspensión de pagos a los acreedores. Ayer viernes venció el plazo para pagar bonos por valor de 500 millones de dólares y se da por hecho que no serán abonados, sin un nuevo esquema de pagos. Se espera que las negociaciones entre las partes prosigan para evitar el escenario tan augurado

Argentina entró el día de ayer viernes en una cesación de pagos «suave» y amigable, todo un nuevo desafío para la tercera economía de América Latina. Aunque es cierto que Buenos Aires no cumplió con el pago que debió hacer la semana que pasó a sus acreedores privados, la decisión fue consensuada con esos fondos de inversión, con los que se acordó una nueva fecha para los primeros días de junio.

Según informan hay 65.000 millones de dólares en juego por bonos emitidos en la moneda estadounidense y bajo jurisdicción de los tribunales de Nueva York. Sin embargo, los efectos de la noticia no son los mismos de una cesación de pagos hostil, como la que Argentina declaró en diciembre de 2001. Al parecer la pandemia involucra un escenario muy distinto.

Si aquel gobierno peronista de Adolfo Rodríguez Saa celebró a los gritos en el Congreso Nacional la decisión de no cumplir con sus obligaciones, este nuevo gobierno peronista de Alberto Fernández maneja la negociación de otra manera: con dureza en el fondo, pero suavidad en las formas. Argentina entró ya ocho veces en cesación de pagos a lo largo de su historia, queda por ver si la novena terminará en desastre o en arreglo

Una historia recurrente

«Se aproxima otro ‘default’«, augura el verdulero detrás de su mascarilla, mientras pesa los tomates en la balanza. El vendedor afirma que se lo ha escuchado decir a un economista en la radio y da por hecho que cuando concluya esta semana Argentina suspenderá pagos a sus acreedores. La palabra ‘default’, o sus equivalentes, está en boca de casi todos. Forman parte de una jerga casi costumbrista y lejana en los tiempos.  El primer episodio de esa naturaleza tuvo lugar en 1827. Argentina volvió a dejar de pagar su deuda en 1890.

La última dictadura militar se declaró en quiebra en 1982. Había recibido un país con un pasivo de 7.000 millones de dólares (6.400 millones de euros) y lo multiplicó por casi siete. En el 2002, bajo los escombros del corralito financiero, un Gobierno provisional recorrió por cuarta vez la misma senda. La última parada en este camino de tropiezos la hizo el presidente Mauricio Macri. En agosto pasado, pidió reprogramar pagos después endeudarse con 100.000 millones de dólares durante cuatro años para financiar una fuga de capitales de 86.000 millones de dólares. Este viernes puede tener lugar la sexta suspensión unilateral de pagos.

Ayer 22 de mayo debieron haberse cancelado bonos por 503 millones de dólares. Sin embargo, no ocurrió. A diferencia de los casos precedentes, el presidente Alberto Fernández coincide en un punto con los acreedores en que el ‘default’ no es bueno para ninguna de las partes.  El ministro de Economía, Martín Guzmán, ha advertido de que el acuerdo, si llega, «tiene que poner al país de pie». 

Propuesta para llevar a cabo una quita

A mediados de abril, Argentina propuso una quita del 5,4% del capital y del 63% de los intereses, así como un período de gracia por tres años que permita al país renacer otra vez de las cenizas, curar heridas sociales y luego cumplir sus compromisos externos. La propuesta representaría un alivio en el peso de la deuda privada en unos 42.000 millones de dólares. Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) la bendijo porque considera “insostenible” el pasivo acumulado. El FMI no es un invitado de piedra en esta historia. Le ha prestado a Macri 47.000 millones de dólares bajo el mandato de Christine Lagarde. Algo más que su imagen está en juego. 

Hace varias semanas algunos medios de prensa anunciaron un apocalipsis. El precio del dólar volvió a dispararse. El Gobierno atribuye la devaluación al ‘lobby’ de los acreedores.  Se dice que solo aceptarían no recibir dinero durante un año. Semanas atrás, un grupo de 188 prestigiosos economistas, entre ellos dos premios Nobel, Joseph Stiglitz y Edmund Phelps, calificaron la propuesta argentina de «responsable». En una carta abierta, señalaron a su vez que el presente caso supone una oportunidad para que «la comunidad financiera internacional demuestre que puede resolver una crisis de deuda soberana de manera ordenada, eficiente y sostenible».

Derrumbe por el covid-19

A partir de ahora comenzará a saberse si se abre una puerta para proseguir las negociaciones. El diario ‘Ámbito Financiero’ ha asegurado que existe «disposición mutua» para no romper definitivamente puentes. Antes del covid-19, Argentina enfrentaba este año un horizonte de zozobras: se calculaba una caída del PIB del 2%. La pandemia ha profundizado el desastre. La economía se derrumbará casi siete puntos y la pobreza afectaría al 50% de la población. 

El margen de mejora de la oferta del Gobierno es muy estrecho: sus integrantes aseguran que no se está en condiciones de comprometer las cuentas públicas y externas. Y si bien no desea un enfrentamiento judicial con los acreedores tampoco descarta ese desenlace. Al fin y al cabo, el ‘default’ es una historia repetida.

Artículo editado por esta casa con fuentes originales de Sebastián Fest de El Mundo y Abel Gilbert de El Periódico

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