Se retoma Brexit con nuevos problemas a partir del sector transporte

Por: J. Díaz. Madrid

El contador avanza inexorable hacia el 31 de diciembre, fecha en la que expira el periodo transitorio acordado por Reino Unido con la UE para consumar de facto su divorcio y abandonar así el mercado único y su unión aduanera. A poco más de cuatro meses, aún se desconoce si será una ruptura amistosa o traumática porque ambas partes no han logrado aún, tras media docena de rondas negociadoras, consensuar los aspectos básicos de su futura relación pos-Brexit. En este escenario cubierto de densa bruma, Londres y Bruselas iniciaron ayer la séptima ronda de negociaciones tras una cena previa celebrada el martes en la capital belga entre los jefes negociadores, el británico David Frost y el francés Michel Barnier.

Si la anterior tanda de encuentros, celebrada en julio, se saldó sin apenas avances y con Reino Unido reivindicando su soberanía política y económica, la presente no ha empezado tampoco con buen pie ante la pretensión de Londres de que los camioneros británicos mantengan un amplio acceso al mercado europeo tras el Brexit, aspiración que, a expensas de cómo transcurran las negociaciones técnicas hasta que mañana viernes vuelvan a reunirse Frost y Barnier, Bruselas ha rechazado de plano. Para el bloque comunitario, los derechos de cabotaje que reclama el Gobierno de Boris Johnson supondrían mantener un estatus para el transporte británico muy similar al que ha gozado antes del Brexit, por lo que lo considera una exigencia «esencialmente desequilibrada», informa Financial Times, cuyas fuentes subrayan que para la UE es inasumible que Reino Unido mantenga en el futuro prácticamente el mismo acceso que tiene hoy al mercado comunitario.

Otro gran escollo es la pesca, que Reino Unido ha enarbolado como gran bandera de su recobrada soberanía. Mientras que la UE quiere seguir como hasta ahora; esto es, con el acceso recíproco a los caladeros, gobernando conjuntamente las pesquerías y definiendo cuotas a largo plazo, el Gobierno británico pretende acotar el acceso de las flotas europeas a sus aguas, gestionar al margen de Europa sus pesquerías y negociar anualmente los permisos de pesca, unas condiciones que Bruselas considera inaceptables, ya que supondrían «casi la exclusión total de la flota pesquera de la UE de aguas británicas», denunció Barnier al término de la anterior ronda negociadora. Tras este pulso pesquero se esconde la pretensión de Londres de utilizarlo como arma política para arrancar mejores condiciones de acceso al mercado interior, tanto de bienes como de servicios y financieros.

Pese a que ambas partes han acercado posiciones en ámbitos como el transporte aéreo, la seguridad o la coordinación de programas de seguridad social, los anteriores obstáculos hacen difícil un acuerdo a corto plazo. El propio Frost demoró un eventual pacto al menos hasta septiembre, cuando se producirá una nueva ronda. El tiempo corre, sin embargo. Bruselas urge a sellar un acuerdo antes de octubre con el fin de que pueda ser ratificado antes de final de año. De lo contrario, lo que se produciría es un escenario de «caos para el comercio, los negocios y la población en general», como advirtió ayer el ministro de Irlanda para Asuntos de la UE, Thomas Byrne, en referencia a la imposición de aranceles y controles al flujo de trabajadores y turistas.

Mil camiones españoles al día en Calais con destino a Dover
La amenaza de un posible caos comercial si Europa y Reino Unido no alcanzan un acuerdo antes del próximo 1 de enero es bidireccional; es decir, los transportistas británicos no serían los únicos que verían golpeados sus intereses, sino también los  camiones europeos y especialmente los españoles. El mercado británico es en la actualidad el quinto destinatario de las exportaciones españolas, mercancías que llegan a Reino Unido a través de una flota de unos 8.000 camiones españoles que cruzan el paso francés de Calais con destino a la localidad británica de Dover a un ritmo de 1.000 vehículos diarios, tal como señaló en su día el ministro español de Agricultura, Luis Planas, quien no ocultó su especial preocupación por el futuro de los productos perecederos y frescos que a diario pasan por ese punto logístico. La amenaza, sin embargo, va mucho más allá. La propia Comisión Europea advirtió el pasado julio de que si no se alcanza un acuerdo con Reino Unido en el ámbito comercial, la licencia comunitaria que hoy permite el transporte ilimitado entre los países de la UE perdería su validez en el mercado británico. En ese supuesto, dicha licencia sería sustituida por una autorización multilateral, denominada ECMT, de la que España solo concede unas 800 licencias anuales para camiones; es decir, diez veces menos que en la actualidad. Los transportistas españoles cargan contra la inflexibilidad mostrada hasta ahora por el Gobierno de Boris Johnson, actitud que, temen, pueda cercenar las posibilidades de un acuerdo, abocando a un drástico recorte del intercambio comercial entre ambos países. Es decir, un escenario de «consecuencias nefastas», como afirmaba en julio la federación de asociaciones de transporte Fenadismer

Artículo publicado en Expansión