No más desperdicio alimentario

Por Jesús Castañeda Mayurí

El desperdicio alimentario es , tal vez, uno de los asuntos de mayor preocupación que tienen aquellos que formulan políticas públicas frente a los residuos. Se puede entender y enfrentar el desperdicio que producen los plásticos de un solo uso, o aquellos residuos que viene dejando la pandemia como las mascarillas o los deshechos de las maderas, vidrios o cartones, entre otros materiales, que usamos a diario, pero los alimentos no deben perderse como lo vienen haciendo. Esto no se puede entender.

El desperdicio alimentario duele en lo más profundo de la humanidad de todos. Es por ello que muchas organizaciones públicas y privadas ya están enfrentando este tema con mayor contundencia. Por ejemplo, los Ayuntamientos de Valencia, Zaragoza y León han confirmado que se sumarán a la celebración de la III Semana Contra el Desperdicio Alimentario que, desde 2018, coordina Aecoc (Asociación Española de Codificación Comercial) en el marco de su iniciativa ‘La alimentación no tiene desperdicio’.

«Las tres ciudades apoyarán la difusión de las actividades que Aecoc llevará a cabo durante la semana del 28 de septiembre al 4 de octubre para poner en valor los alimentos y animar a la población a hacer un uso responsable de ellos. Además, coincidiendo con el primer Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos las tres ciudades iluminarán con el color sus espacios más emblemáticos: el edificio del consistorio de Valencia, la Fuente de la Hispanidad de la Plaza del Pilar de Zaragoza y la Fuente de Santo Domingo de León, según confirmó Aecoc dentro de sus planes para lo que denomina la Marea Verde».

Este tipo de iniciativas son altamente valoradas por todos aquellos que buscamos generar una nueva economía basada en la solidaridad y la responsabilidad por el bienestar de todos, en especial, de aquellas familias que pasan hambre en estos periodos tan críticos para la economía mundial. Debemos hacer todo lo que podamos, y mucho más, para evitar que se desperdicie los alimentos y se arrojen a la basura. Debemos empezar, también en fomentar una alimentación más respetuosa con el medio ambiente que se incorpore a los mercados y que evite ser desperdiciada. Este es otro ángulo de intervención.

Generemos una estrategia integral para erradicar del todo este procesos que afecta a todos, más allá de las pérdidas económicas que ello provoca.