La crisis tendrá efectos de largo plazo: Banco de España

Por: Mercedes Serraller. Madrid

El Banco de España advierte de que las consecuencias de la crisis tendrán un efecto duradero. En su informe económico trimestral publicado ayer, el supervisor mantiene sus previsiones avanzadas el 8 de junio, que estimaban una caída en el segundo trimestre del 16% para un escenario de recuperación temprana y del 21,8% para uno de recuperación gradual. Sin embargo, ahora ya avanza que la economía española podría caer cerca del 20% entre abril y junio, el mayor retroceso de la serie histórica después de la paralización de buena parte de la actividad en abril, que ha hundido la inversión empresarial, el consumo y el empleo medido en horas trabajadas. En el conjunto del año, el retroceso de la economía del país será de entre un 9% y un 15,1%.

Y advierte de que solamente en el escenario de recuperación temprana, el nivel del PIB al final de 2022 superaría al previo a la crisis, lo que subraya la posibilidad de que las consecuencias de la crisis tengan un componente duradero. El supervisor explica las divergencias entre los escenarios considerados en las proyecciones macroeconómicas de 8 de junio. El escenario de recuperación temprana tuvo en cuenta que las pérdidas de producción hubieran sido en el segundo trimestre algo menores de lo que sugeriría la calibración de las dos últimas semanas de marzo. Esto podría venir explicado por un proceso de adaptación de la actividad de las empresas a las restricciones impuestas por las medidas de contención.

Por el contrario, la estimación del crecimiento del PIB en el segundo trimestre bajo el escenario de recuperación gradual se basaba estrictamente en la calibración de los efectos del confinamiento en las dos semanas posteriores a la declaración del estado de alarma. Las tasas estimadas de crecimiento del PIB resultantes son, respectivamente, del -16% en el escenario de recuperación temprana y del 21,8% en el de recuperación gradual.

El periodo de mayor contracción de la economía es que el se dio «desde la entrada en vigor del estado de alarma (el 15 de marzo) hasta el inicio del proceso de desescalada (el 4 de mayo)». En esas semanas, el supervisor bancario que dirige Pablo Hernández de Cos estima que «la actividad económica en España habría disminuido en torno a un 30% con respecto a su nivel en ausencia de pandemia». Durante «la vigencia de la suspensión de actividades no esenciales (entre el 30 de marzo y el 9 de abril), la reducción de la actividad sería del 50%».

En el ámbito exterior, el comercio de bienes ha sufrido la interrupción parcial del transporte de mercancías y la ruptura de las cadenas globales de suministros, en tanto que en el caso de los servicios turísticos el cese ha sido casi completo. Los nuevos pedidos de exportación sugieren que el punto mínimo de los flujos comerciales se habría alcanzado en abril, y que en mayo habría comenzado un cierto rebote, en línea con la retirada del confinamiento.

El sector servicios, más afectado por las medidas de distanciamiento social, se habría resentido más que el resto. El impacto fue notablemente superior a la media en España e inferior a ella en Alemania, donde los servicios tienen un menor peso relativo: en torno al 50% del VAB de la economía, frente al 57% en el caso español, aunque se habría recuperado en mayor medida en mayo con el inicio de la desescalada. Sin embargo, su nivel de actividad sigue siendo muy inferior al previo a la crisis, como muestra que en la hostelería el 77% de los asalariados todavía estuviera afectado por un ERTE a finales de mayo.

Artículo publicado en Expansión

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