Entre el PNIEC, la pandemia y el cambio climático

«Superar los impactos del coronavirus exige un plan mucho más ambicioso que el PNIEC para combatir la otra pandemia invisible que es el cambio climático».

Javier García Breva afirma que el PNIEC no es un Plan Marshall ni mucho menos. En un artículo publicado en su blog institucional hace hincapié en los desafíos que presenta el documento para efectuar una efectiva transición energética. A continuación, parte de su análisis.

El Gobierno ha transmitido a la Comisión Europea el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). El PNIEC se ha presentado como un primer plan para recuperar la economía de la recesión provocada por el Covid-19, un virus invisible que ha paralizado la actividad económica. Algunos medios han llegado a calificarlo como la primera iniciativa del Plan Marshall que el Gobierno ha reclamado a Bruselas. Nada que ver con la realidad.

Los principales datos del PNIEC no han variado con respecto al borrador de 2019. Su impacto en el PIB será del 1,8% en 2030, 0,18% anual. El impacto en el empleo se mantiene entre 253.000 y 348.000 empleos, cifra inferior a las previsiones que se hicieron en los planes de renovables y eficiencia energética 2011-2020, que fijaron en 200.000 los empleos directos e indirectos en el sector renovable y 500.000 en el de la eficiencia energética, si se cumplían los objetivos para 2020; pero las políticas de destrucción de estos sectores llevada a cabo por los gobiernos de la última década lo han impedido.

Se prevé una inversión de 241.000 millones de euros en los próximos diez años, de los que el 80% será inversión privada y el 20% pública, repartida entre las administraciones central, regional y local, más los fondos europeos. El esfuerzo principal corresponderá a la iniciativa privada. Sólo las grandes eléctricas y petroleras están en disposición de asumir ese reto. Ya han anunciado inversiones en renovables por más de 11.000 millones, han sufrido un menor deterioro en la bolsa, este año repartirán 5.500 millones en dividendos, están incluidas en los programas de compra de deuda del BCE y ya han colocado 3.650 millones en bonos.

El PNIEC prevé la instalación de 59 GW de energías renovables. Al no desagregar entre instalaciones renovables a gran escala y renovables distribuidas o pequeñas instalaciones, ni establecer objetivos cuantificados de energía flexible, todo indica que ese objetivo se alcanzaría a través de grandes instalaciones eólicas y solares, al alcance solo de grandes inversores, dejando la generación distribuida en una mayor indefinición. La clave está en la regulación que acompañe el desarrollo del PNIEC, como las subastas aún por definir.

El CO2, la otra pandemia invisible

El objetivo principal del PNIEC es la reducción de emisiones un 23% sobre la base de 1.990. Un objetivo por debajo del 40% que exige el Acuerdo de París y la Unión Europea. “La crisis del coronavirus reducirá las emisiones; pero ofrece la oportunidad de que ese descenso se convierta en un fenómeno estructural, elevando los objetivos de reducción de emisiones con medidas más decididas que las adoptadas hasta ahora”

Superar los impactos del coronavirus exige un plan mucho más ambicioso que el PNIEC para combatir la otra pandemia invisible que es el cambio climático. “Sería imperdonable que el espejismo de la reducción de emisiones por el confinamiento conlleve un retorno a la pereza climática y a relajar las políticas que hasta ahora no han pasado de meros anuncios. La anulación de la COP 26 en Glasgow, la Ley Europea del Clima sin objetivos para 2030 o que la Comisión Europea hable de flexibilizar los PNIEC, y los planes de transición justa es un mal presagio para estirar aún más una economía basada en la destrucción del planeta”

Parte del artículo publicado en Tendencias de la Energía

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