El Plan Industrial de Macron y el Plan de España

El plan de la Política Industrial España 2030 requiere, según la página del Plan de Recuperación, de una inversión total de 3.782 millones de euros; a diferencia los 30 mil del francés.

Por Jesús Castañeda Mayurí

El Plan de Macrón

La semana pasada, Emmanuel Macron anunció el plan Francia 2030, el cual tiene el propósito de modernizar la industria francesa y hacer al país europeo líder en sectores como el hidrógeno verde, los vehículos eléctricos, los aviones de baja emisión de carbono, los reactores nucleares de pequeño tamaño, entre otros. Se trata de un intento de fortalecer los sectores industriales tradicionales a partir de la inversión en la innovación ante la evidencia de la falta de independencia industrial europea en la crisis, derivada de la pandemia por el coronavirus.

Los objetivos de este proyecto no solo se enfocan en los ya mencionados, sino que incluyen, por ejemplo: la robotización de la agricultura, el impulso a la conquista espacial, la exploración de los fondos marinos y la protección de los productos culturales franceses. En total, se trataría de una inversión de 30.000 millones de euros en cinco años. Todo esto depende, evidentemente, de si Macron consigue la reelección el año que viene.

En su discurso, el presidente francés mencionó cinco condiciones para lograr la viabilidad del plan: el acceso a materias primas y componentes, el reciclaje de materiales claves como el litio o titanio, la seguridad informática, la disponibilidad del talento y el aumento de las inversiones para investigar y desarrollar tecnologías de punta.

Más a detalle, el plan ofrece inversiones específicas muy importantes en diversos sectores de la industria francesa. Por ejemplo, respecto a la energía nuclear -de la cual Francia es el país líder para la producción de electricidad-, se plantea introducir nuevos conceptos para potenciar al sector como los pequeños reactores SMR con una potencia de 170 MW.  En la producción de hidrógeno verde, por su parte, se prevé que para el 2030 se instalen dos megafactorías de electrolizadores. También, con miras a la próxima década, que Francia sea el primer país que fabrique aviones de bajas emisiones y que se consiga la fabricación de dos millones de coches eléctricos e híbridos para el 2030.

Para conseguir estos objetivos, el plan tiene en cuenta la importancia de la producción de baterías (sobre todo, las de litio), las cuales por ahora dependen más de Asa que de Francia y Europa; así como de la importancia de una red informática segura para custodiar los datos de las empresas francesas sin tener que depender del exterior.

Este plan y este objetivo temporal -el año 2030- bien podría con el plan de Política Industrial España 2030 que forma parte del Plan de Recuperación del Gobierno Español luego de la crisis derivada de la pandemia. Es importante poder apreciar las similitudes y diferencias respecto al plan anunciado por Macron.

El Plan de Sánchez

El plan de la Política Industrial España 2030 requiere, según la página del Plan de Recuperación, de una inversión total de 3.782 millones de euros; a diferencia los 30 mil del francés.

Pero más allá de la inversión económica, también se basará en una serie de reformas en las cuales se deben apoyar los proyectos. Es por eso que, uno de los pilares de la política para España 2030 es la reforma de la Ley de Industria para articularla hacía “nuevas figuras y mecanismos que permitan dotar a la industria de resiliencia para hacer frente a los nuevos retos existentes y contribuir a alcanzar una mejora de su competitividad, incorporando aspectos relativos a la digitalización y a los criterios de sostenibilidad medioambiental y economía circular”.

La idea de esta nueva política industrial es darle continuidad a la normativa que se aprobó hace poco sobre economía circular: “España Circular 2030”. De esta maneraí se “acompañará al conjunto de inversiones previstas en el Plan en el ámbito de los residuos e impulsará un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de los productos, materiales y recursos se mantengan en la economía el mayor tiempo posible”.

A partir de las reformas legales que el gobierno español promueve para su política industrial 2030, se puede encontrar las inversiones que este plan permitirá.

La primera que llama la atención es la denominada “Espacios de datos sectoriales”, con la finalidad de poder crear espacios de datos seguros para la industria que permitan la innovación en los sectores industriales agroalimentarios, de sostenibilidad, de salud y comerciales. La idea es que se desarrollen economías de escala y eficiencia en la inversión “mediante el desarrollo y compartición de componentes comunes (building blocks) y de infraestructuras y datos comunes, como las plataformas de cloud y las redes de supercomputación y almacenamiento, análisis de datos masivo y servicios e Inteligencia Artificial.” Esta es una idea muy parecida a la planteada por Macron.

Pero el eje de esta política industrial es el Programa de Impulso de la Competitividad y Sostenibilidad Industrial. Está enfocado en la financiación de las cadenas de valor estratégicas de sectores industriales y todas sus partes, desde las empresas pequeñas hasta las más grandes, “desde el mundo académico hasta el personal investigador y desde los prestadores de servicios hasta los proveedores”. El plan trata de apoyar a los proyectos que puedan ser relevantes para la transición industrial -la automoción, el sector agroalimentario, la salud, el sector aeronáutico y naval, así como los sectores vinculados a las energías renovables.

También se podrán financiar proyectos de menor magnitud en aspectos estratégicos para el futuro industrial como la simulación industrial, el diseño y fabricación aditiva, los materiales avanzados, la realidad virtual y visión artificial, entre otros. Se tendrá en cuenta, asimismo, la financiación a infraestructuras industriales sostenibles, desde parques industriales hasta servicios especializados de uso común o compartido. El enfoque hacía la subvención es claro, mucho más claro del que parece respecto al plan de Macron.

Un ejemplo palpable de este plan y del foco hacía la financiación y subvenciones es que el mes pasado el Consejo de Ministros aprobó un acuerdo por el que el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo pueda convocar subvenciones para el Plan de Modernización de las máquinas y herramientas de las pequeñas y medianas empresas este año, por un importe de 50 millones de euros. El precio medio de las máquinas será de un valor aproximado de 350.000 euros y se estima que se instalen 1500 nuevos equipos productivos. La subvención debe suponer la ampliación de la capacidad productiva, la diversificación de la producción en nuevos productos adicionales o implicar cambio esencial en el proceso general de producción.

Otro aspecto importante es el fomento de la economía circular. No solo se trata de reformar la normativa para facilitar su despliegue, sino que la política industrial prevé actuar desde “la implantación de nuevas recogidas separadas y la mejora de las existentes hasta la construcción de instalaciones específicas para el tratamiento de esas recogidas”. Así como en la inversión para la construcción de instalaciones de recogida y clasificación de residuos o la mejora de las plantas de tratamiento mecánico-biológico. Al mismo tiempo que se intentará prestar igual atención al desarrollo de instrumentos de digitalización para la gestión medioambiental.

La ministra de Industria Reyes Maroto en la jornada de clausura del 35º Encuentro de Ametic que tuvo lugar a inicios del mes pasado indicó que el gobierno español hará grandes inversiones en los próximos años para modernizar el modelo productivo. Esto será, según ella, “una estrategia de política industrial España 2030, que reforzará el desarrollo de una industria 4.0 más sostenible, que contribuya a la transición ecológica”.

Más allá de las similitudes y diferencias, montos de inversión y enfoques contextualizados, ambos países están en el mismo nivel de partida. La carrera por la recuperación económica y el nuevo posicionamiento de las naciones de la Unión, recién empieza. Los resultados se podrán evidenciar el 2030 y allí analizaremos quién hizo qué y cómo lo hizo. No solo se trata de quienes hayan diseñado la propuesta ni con que perspectiva e ideología política se ha diseñado. El éxito se sustentarán en la calidad técnica de la formulación del plan, pero fundamentalmente en la estructura organizacional de ambos Estados para llevar a cabos esta ideas.