¿Cuánto tiempo se puede resistir? Se ha perdido casi un millón de empleos en 14 días.

Por: Miguel Castañeda

A medida que la pandemia comienza a crecer de manera preocupante en todo el planeta, involucrando ahora a América Latina con mayor riesgo; y a uno de los países más importantes para la economía global como lo es Estados Unidos, las principales acciones políticas y los procesos de toma de decisión se debaten en diversas disyuntivas. Hay en el escenario sombrías opciones que el covid-19 presenta. Nos debatimos entre mayores riesgos en salud, la propia vida y, en última instancia, la economía.

¿Qué es lo que viene?

Con una decisión de confinamiento continuada hasta fines de abril o mayor en gran parte del mundo, se viene una crisis económica y social sin precedentes modernos. Tal vez mucho más seria que la vivida posterior al crack del 29 o en la última crisis financiera del 2008.

Como bien afirma el último editorial de la prestigiosa revista The Economist, «el virus arroja un miasma de compensaciones: ¿deberían los recursos médicos ir a pacientes de covid-19 o centrarse en aquellos que padecen otras enfermedades? Algo de desempleo y bancarrota es un precio que vale la pena pagar, pero ¿cuánto? Si el distanciamiento social extremo no puede detener la enfermedad, ¿cuánto tiempo debería persistir?»

«El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha declarado: «No vamos a poner una cifra en dólares para la vida humana». Fue un grito de guerra de un hombre valiente cuyo Estado está abrumado (más de 250 mil casos confirmados y cerca de 8 mil fallecidos). Pero aunque suene insensible, una cifra de un dólar por la vida, o al menos alguna forma de pensar sistemáticamente, es precisamente lo que los líderes necesitarán para poder abrirse paso en los terribles meses por venir».

Es cierto, aun lo peor está por venir y la manera cómo se está abordando la crisis en el mundo entero enfrenta diferentes estrategias. Para aquellos países que vienen después de lo que se ha visto en China y la manera cómo está asolando Europa (con más de 250 mil contagiados, confirmados, solo entre España e Italia y cerca de 25 mil fallecidos); los aprendizajes son múltiples. Todos se centran en el distanciamiento social y una buena política de identificación y seguimiento de casos de manera temprana.

Sin embargo, la manera como cada uno de estos países enfrentan las crisis, depende de cada uno de sus sus contextos socio-económicos, así como del estilo de sus autoridades y tomadores de decisión. Por ello es que las acciones varían desde estrategias de distanciamiento sin cuarentenas, hasta Estados de Alerta, sin confinamiento total, hasta la restricción total y Estado de Emergencia, como lo están enfrentando en Perú, por ejemplo. Y para Latinoamérica que no tiene un sistema de salud pública sólido y las desigualdades socio-económicas internas son abismales, ésto enfrenta otro tipo de desafíos actuales y futuros.

La política al centro

Aquí hay un asunto importante que no debe perderse en la perspectiva del análisis. Me refiero a cómo afrontar los temas de aquí para adelante, en cuanto a salud pública, bienestar y crecimiento económico. Cuáles son los algoritmos adecuados y las medidas exactas. Más aun cómo hacer para disminuir los riesgos de mortalidad acelerada que estamos viviendo y de qué manera debemos diseñar una nuevo modelo para escenarios futuros de corto y mediano plazo.

Tomamos ideas de los resultados de algunas investigaciones que sugieren la interdependencia entre una acertada estrategia de inversión en salud pública y una capacidad solvente para enfrentar este tipo de desafíos. ¿Se pueden prever positivamente escenarios como el que estamos viviendo y a partir de allí estar mejor equipados? ¿Cuánta responsabilidad existe en quienes diseñan modelos para enfrentar estos advenimientos impredecibles y aquellos que están a cargo de la gestión efectiva del suceso? Como sugieren algunos expertos, los efectos de las decisiones y la capacidad de gestión en la salud parecen depender de la política. 

En un trabajo publicado por la OCDE, un grupo de países en su mayoría ricos, descubrió que algunos empeoramientos de los resultados de salud vistos después de la crisis financiera no se debieron a la recesión, sino a las reducciones en la provisión de atención médica que se produjo como resultado de la austeridad del gobierno, lo cual ya es un proceso de toma de decisión política.

Por otro lado, este asunto también está vinculado al bienestar, el trabajo y la manera cómo se diseña política pública alrededor. En el mismo estudio se afirma que el aumento en el gasto en programas que ayudan a las personas a conseguir trabajo, parece reducir el efecto que produce el desempleo en los suicidios, por ejemplo. Uno de los asuntos claves a gestionar dentro de poco será este devastador efecto que está teniendo la crisis sanitaria en el empleo.

En apenas algo más de dos semanas, desde que comenzaron a notarse en la economía las consecuencias de la crisis, la caída del empleo, en España, no ha tenido precedentes: casi 900.000 afiliados menos a la Seguridad Social. El paro también ha roto sus registros negativos al subir en 302.265 desempleados, según los datos publicados este jueves por los ministerios de Trabajo y Seguridad Social. En este golpe laboral, no se suman los 620.00 afectados por ERTE ya procesados por los servicios públicos. Y esto sigue creciendo.

Es por ello que algunas personas argumentan que los costos económicos y sociales de una acción decisiva contra covid-19 (confinamiento total) son inmensos y que conducirán a una peor salud pública en el futuro. Estas afirmaciones podrían ser ciertas. Sin embargo, después de la crisis financiera, algunos de estos mismos críticos fueron partidarios de una austeridad que ha tenido el mismo efecto que hoy vemos en las capacidades de salud pública para abordar la crisis sanitaria. Menudo dilema de toma de decisión el que se espera de aquí para adelante.

El corto plazo

Pero hay otro aspecto más cercano y crítico aun, ¿cuál es el plan al momento que se tenga que relajar las restricciones? Lo que se debe buscar es aliviar la presión de a pocos. Se debe diseñar un programa táctico que identifique los nuevos casos y a las personas que han estado en contacto con ellos, lo más rápido posible. Pero que se mantenga identificada, a la vez, a los casos ya curados, por ejemplo.

Como bien afirman algunos analistas, la forma en que los países rastrean los casos dependerá, en parte, de cuán bajo pudieron mantener el nivel del virus en la población y cuán capaces, o inclinados están, de erosionar la privacidad de sus ciudadanos. La forma cómo van a relajar las restricciones dependerá en cierta medida del modelado implementado. ¿Se necesita una vigilancia activa? Los países del sudeste asiático han tenido éxito con este programa. España ya está en ello. ¿Qué está haciendo Norte América? ¿Qué hará América Latina?

La pregunta recurrente ahora es, cuánto tiempo es capaz de resistir el sistema económico global un estado permanente de confinamiento sin poner en riesgo aspectos irreversibles de crecimiento económico y bienestar. Para muchos, la respuesta es: lo que sea necesario.

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