Chile vota por cambiar su actual constitución. ¿Cambio de modelo?

Una abrumadora mayoría de chilenos aprueba enterrar la Constitución de Pinochet. El 78% de los chilenos vota por una asamblea constitucional que ponga fin a la última gran herencia de la dictadura. La participación alcanza el 50%, pese las restricciones de la pandemia

Partidarios de la elecciòn "Yo apruebo" reaccionan después de escuchar los resultados del referéndum sobre una nueva constitución chilena en Valparaíso, Chile
Partidarios de la elecciòn «Yo apruebo» reaccionan después de escuchar los resultados del referéndum sobre una nueva constitución chilena en Valparaíso, ChileRODRIGO GARRIDO / REUTERS

Por: ROCÍO MONTES

Chile ha optado este domingo por superar la herencia más pesada de Augusto Pinochet, la Constitución vigente. La ciudadanía ha aceptado la oferta de la institucionalidad política de iniciar un camino constituyente para encauzar el descontento que explotó en forma de protesta y violencia hace justo un año, en octubre de 2019. Escrutado el 99,3% de las mesas, la victoria de aquellos que votaron por cambiar la carta fundamental ha sido aplastante: 78,3%, contra el 21,7% de aquellos que han rechazado la idea de reemplazarla. La participación, clave para dar legitimidad a la consulta, ha alcanzado el 50%, acorde con el promedio desde que se decretó el voto voluntario en 2012.

También fue contundente la elección del organismo que la redactará: la convención constitucional, compuesta por 155 personas especialmente elegidas en abril próximo, que tendrá carácter paritario entre hombres y mujeres. Esta alternativa ha sumado un 79% de las preferencias, contra un 21% que eligió la convención mixta, que habría estado compuesta por 172 miembros, entre ciudadanos y parlamentarios. “Hoy ha triunfado la ciudadanía y la democracia y la paz sobre la violencia”, ha indicado esta noche el presidente Sebastián Piñera en La Moneda, arropado por todo su gabinete.

Ha sido una jornada donde Chile ha mostrado su cultura cívica y, por la noche, miles de personas se han reunido en la zona de Plaza Italia, en el epicentro de las concentraciones en Santiago, y otras ciudades del interior. Aunque en los últimos años el país sudamericano alcanzó récord regionales de abstención junto con Colombia, la participación se mantuvo en el 50%, incluso con las restricciones de movimiento y reunión decretadas contra la pandemia de la covid-19. La tendencia de los últimas elecciones de baja participación –que alcanzó un mínimo de 36% en las municipales de 2016–se ha revertido en parte en esta jornada, pese a la crisis sanitaria, que esta semana ha superado los 500.000 contagios totales en Chile y ha provocado la muerte de 13.944 personas desde marzo. Con 9.748 pacientes con la covid-19 en etapa activa, los protocolos sanitarios que implementaron las autoridades para evitar la propagación del virus lograron convencer a la ciudadanía de concurrir sin temor a las urnas.

El movimiento chileno no está conducido por las instituciones clásicas, como los partidos y sindicatos. Por lo tanto, ninguna fuerza política podría arrogarse un triunfo que, sobre todo, protagonizó la ciudadanía.

La diferencia entre los que aprobaron y rechazaron la idea de reemplazar la Constitución vigente no constituye, por ende, un espejo de la correlación de fuerzas entre el oficialismo del Gobierno de derecha Sebastián Piñera y la oposición. Entre los votaron por un nuevo texto se encuentran también parte de los votantes de derecha, no solo de la izquierda y la centroizquierda, aunque los que se opusieron al cambio son sobre todo de la derecha doctrinaria. El lunes, por lo tanto, arranca la verdadera batalla en la política chilena con miras a la elección de los 155 convencionales el 11 de abril próximo, en menos de seis meses.

El oficialismo parece mejor parado que la oposición para esta nueva etapa. Aunque en este sector convivían hasta hoy dos almas –los que aprobaban y rechazaban una nueva Constitución–, existen los acuerdos necesarios para llegar unidos a abril, cuando se elijan, en paralelo, a los alcaldes, concejales y, por primera vez, los gobernadores regionales. No ocurre lo mismo con la oposición, donde algunas de las fuerzas de izquierda –tanto el Partido Comunista como el Frente Amplio– tienen dificultades para negociar con los sectores moderados, que conformaron la Concertación (1990-2010). Por lo tanto, difícilmente conseguirán una lista única, que aumenta las posibilidades de conseguir los 2/3 necesarios para aprobar los contenidos de la nueva Constitución.

Fuente: El País