10 dinámicas que ha provocado el coronavirus

Por: Virginia Collera Editora en LinkedIn Noticias

Estamos viviendo una época extremadamente compleja y a nuestro alrededor el mundo está cambiando a toda velocidad.

El teletrabajo ha pasado de ser el privilegio de unos pocos a la necesidad de buena parte de los trabajadores. Las normas de higiene y de distancia física impuestas para proteger a los ciudadanos y profesionales que luchan en primera línea contra el coronavirus forman parte de nuestra nueva normalidad. Saludarse con un apretón de manos, pronostican los expertos, es un hábito que nunca regresará: pertenece al pasado.

Incluso con gobiernos introduciendo medidas de emergencia para salvar vidas y empleos, el virus ha hecho estragos tanto en nuestra vida cotidiana como en la economía. Pocos hubiéramos imaginado que en 2020 seríamos testigo de estados de alarma, calles vacías y fronteras cerradas. 

Cuando el mundo se acerca a los 8 millones de casos confirmados y más de 430.000 fallecidos, según la Universidad Johns Hopkins, y a pesar de la paulatina reapertura de los países, todavía es imposible saber en qué fase de la pandemia nos encontramos. ¿Estamos en el principio del fin o esto no ha hecho más que empezar? ¿Veremos una segunda oleada? ¿Cuándo llegará la vacuna? 

Puede que no tengamos las respuestas a estas preguntas, pero sabemos que en el mundo se producirán transformaciones duraderas como consecuencia de la COVID-19. 

Para tratar de anticiparnos a lo que vendrá, los editores de LinkedIn Noticias hemos preguntado a expertos cuáles son las tendencias que se consolidarán en el mundo pospandemia. ¿Puede el turismo de masas coexistir con la distancia social? ¿Estará el cambio climático en el centro de la recuperación? ¿Perderán atractivo las grandes ciudades? 

Te invitamos a que te unas a nosotros en esta tarea de asomarnos al futuro. ¿Qué cambios crees que se materializarán en el mundo pos-coronavirus? Comparte tu reflexión en los comentarios o publica un post, artículo o vídeo en LinkedIn con el hashtag #BigIdeas

Estas son las 10 Grandes Ideas que marcarán el mundo tras la COVID-19:

1. Sin turismo de masas hasta 2022

Los protocolos sanitarios, la seguridad, la flexibilidad en las políticas de cancelación y la asistencia personalizada en viajes serán algunos de los aspectos más valorados por los viajeros a partir de ahora. “Nos encontramos ante unos consumidores mucho más exigentes, más maduros en la compra, menos espontáneos y con necesidad de recibir más información”, explica a LinkedIn el vicepresidente de la Mesa del Turismo, Manuel López. Pero las ganas de viajar no se van a traducir en más turistas esta temporada ni la que viene, y mucho menos en los destinos más populares. Tocará despedirse de los numerosos cruceros que desembarcan cada día en los puertos de Barcelona, Palma de Mallorca o Venecia, incompatibles con las medidas de distanciamiento social, y potenciar otros modelos más sostenibles: casas rurales, turismo cultural, destinos menos explotados en los alrededores, naturaleza o viajes fuera de temporada alta. Al menos, hasta que tengamos una vacuna contra el coronavirus. “Un 20% de los españoles dispuestos a viajar este verano prefiere destinos menos masificados por motivos de salud”, matiza David Samu, socio de EY-Parthenon y responsable del estudio Deconstruyendo al consumidor de turismo, ocio y hostelería.

La plena recuperación del sector no llegará hasta 2022, fecha hasta la que hay que facilitar la supervivencia de las empresas turísticas, apoyarse en el turismo doméstico, reabrir las fronteras, eliminar progresivamente las restricciones (como la cuarentena de 14 días a los extranjeros que lleguen a nuestro país) o potenciar los viajes en el cuarto trimestre del año para recuperar una parte del verano perdido: este año será imposible alcanzar las cifras récord de 2019, cuando 83,7 millones de turistas internacionales apostaron por España. Además, la distancia mínima de dos metros entre personas, el uso obligatorio de mascarilla, el veto a los buffets libres, las restricciones en las zonas comunes de los hoteles, las limitaciones en las piscinas o playas y la creciente espera en los aeropuertos restarán atractivo a las vacaciones, hasta el punto de que más de uno decidirá quedarse en casa o en su pueblo. En cualquier caso, la prioridad es mandar un mensaje de tranquilidad y seguridad a los turistas, como destaca la representante legal de la Unión Empresarial de Agencias de Viajes (UNAV), María Dolores Serrano: “Contamos con todos los valores necesarios para que los extranjeros sigan confiando en España, como 7.000 kilómetros de playas magníficas, infraestructuras imbatibles y una gastronomía de primera”. Es momento de destacarlos.

2. ¿La sanidad del futuro? Más digital, más coordinada

“Es verdad que la sanidad española es una de las mejores del mundo y no lo decimos nosotros, lo dice la prestigiosa revista científica The Lancet, pero esto es compatible con el pronóstico de que el futuro no era bueno”, asegura Vicente Ortún, profesor emérito del departamento de Economía y Empresa e investigador principal del Centre de Recerca en Economia i Salut de la Universidad Pompeu Fabra. ¿Las principales razones detrás de este sombrío diagnóstico? “Una gestión pública esclerótica, una financiación baja y una lenta incorporación de la tecnología”, resume Ortún. Parece claro que el sistema sanitario español no será el mismo pospandemia pero, como puntualiza Ortún, tampoco deberíamos dejarnos llevar por el optimismo: “las epidemias cambian cosas, pero a veces para peor”.

¿Qué ha funcionado bien durante la lucha contra el coronavirus en una sanidad que afrontaba la crisis debilitada por ocho años de desinversión? El virus ha puesto de manifiesto su capacidad de adaptación, la colaboración entre profesionales y especialidades médicas y una gestión flexible gracias a la puesta en modo de hibernación de las trabas burocráticas. “Ahora deberíamos aprender la lección y consolidar todo aquello que ha funcionado durante la excepcionalidad del estado de alarma: que no vuelva la rigidez y el peso de la burocracia”, opina Ortún, quien cree que España tiene en el plan de reconstrucción europeo la oportunidad de trasformar el sistema “con inversiones en capital humano e infraestructuras, con especial acento en la digitalización”.

Además, Ortún pertenece al grupo de expertos que apuestan por enmendar errores pasados y crear una agencia de salud pública –“independiente del poder político, como el Banco de España o la Airef”– que garantice una acción coordinada con las comunidades autónomas para afrontar con éxito la crisis presente y también las futuras.

3. Ir a la oficina nunca volverá a ser lo mismo

Por el momento, trabajar desde casa sigue siendo la norma, pero incluso cuando volvamos a la oficina, el panorama será distinto. Un ejemplo es el futuro de los espacios abiertos, abocados a desaparecer. Según la experta Japke-d Bouma, el concepto de oficina tradicional ya era un “dinosaurio al borde de la extinción”, y la crisis del coronavirus ha hecho todavía más evidente esta realidad.

Hay empresas que no han esperado a ver en qué dirección sopla el viento y ya se han despedido de la oficina, pues muchos de sus empleados han manifestado que preferían trabajar desde casa. Además, eliminar de la cuenta de gastos corrientes la inversión en alquiler de oficinas en esta época en la que toca apretarse el cinturón siempre es una buena noticia.

Si es factible dejar de tener una oficina, el proceso será diferente para cada compañía. De acuerdo con el periódico holandés De Tijd, es tiempo de reconsiderar el espacio de trabajo. La relación amor-odio que tenemos con ir a la oficina está actualmente bajo revisión, y toca sopesar los pros y los contras. Quizá podamos renunciar a los sándwiches de la cantina, pero una charla espontánea con un colega junto a la máquina de café es difícil de replicar a través de una videoconferencia: el experto Frederik Anseel pronostica que la oficina del futuro será fundamentalmente un lugar de encuentro.

4. Las grandes ciudades perderán atractivo

Las grandes urbes van a ver cómo sus habitantes las abandonan en busca de lugares más tranquilos. Este es, en opinión del arquitecto holandés Floris Alkemade, un escenario plausible cuando se generalice el teletrabajo. “Habrá menos atascos, menos contaminación y será más fácil vivir a mayores distancias de las principales urbes”, asegura.

La crisis ya ha demostrado que el trabajo remoto funciona bien en buena parte de los sectores. En consecuencia, ya no necesitamos vivir en una metrópoli, donde habrá más trabajo, pero también viviendas a precios más elevados. El virus, además, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de quienes habitan zonas densamente pobladas. “Las ciudades bulliciosas se han convertido en ciudades hipocondriacas”, señala el geógrafo urbano Piet Renooy. 

En El triunfo de las ciudades el economista estadounidense Edward Glaeser proclamaba que la urbe es una aceleradora de innovación. En un área diversa y de alta densidad poblacional se producen incontables encuentros causales e intercambio de ideas, vitales para el crecimiento económico. Sin embargo, el coronavirus ha paralizado el dinamismo urbano, la necesidad de vivir en una metrópoli ha desaparecido y el miedo al virus dicta que siempre es mejor mantener las distancias. No sabemos qué deparará el futuro a la ciudad, pero parece claro que los motivos por los que la gente se ha mudado a ella durante décadas se acercan a su fecha de caducidad.

5. ‘E-commerce’, el empujón definitivo

El confinamiento ha servido para que muchos clientes prueben por primera vez las bondades del comercio electrónico: es más fácil de lo que pensaban, en algunos casos es más barato y funciona. “Va a suponer unrelanzamiento de la venta online, un acelerón”, sostiene Dimas Gimeno, experto en retail y expresidente de El Corte Inglés. Tanto es así, que el e-commerce ha crecido más en las últimas semanas que en los últimos diez años, añade la socia directora de Retail Data, Raquel Segura. También es un descubrimiento para los mayores de 65 años, que además son población de riesgo frente al coronavirus y por ello limitan las visitas a las tiendas físicas. Si nos centramos en el canal de alimentación, este grupo de edad ha disparado un 210% el gasto en compras a través de interneten España desde que empezó la cuarentena, según Kantar

Pero el proceso no ha sido sencillo. Las cadenas de gran consumo han tenido que multiplicar por tres su capacidad de venta online en tiempo récord, y se han enfrentado a un colapso de los sistemasen muchos casos. Además, la rentabilidad del modelo sigue en tela de juicio y las consecuencias un hipotético éxodo masivo a la venta online pueden ser desastrosas para el planeta, como advierte el presidente de la Asociación Española del Retail, Laureano Turienzo: “El comercio electrónico es una de las mejores cosas que nos ha pasado, despertó de su letargo a los grandes retailers y puso en el centro al cliente (…) pero debe ser más ético y menos rápido, concentrando las entregas de paquetes de forma semanal y penalizando las devoluciones”. El experto insiste en la necesidad de educar a los consumidores para que sean conscientes del “enorme coste medioambiental y social”, la cara menos amable del e-commerce.

6. Una crisis de mujeres

Las mujeres han combatido en primera línea el coronavirus –representan casi el 70% de los profesionales sanitarios en el mundo, según la OCDE–, han recibido elogios por su gestión de la emergencia sanitaria –innumerables artículos se preguntan por qué líderes como la alemana Angela Merkel, la neozelandesa Jacinda Ardern o la finlandesa Sanna Marin han respondido mejor a la pandemia que sus homólogos masculinos– y, según los expertos, deben prepararse para una crisis económica que les va a pasar más factura que a los hombres: a diferencia de las recesiones anteriores, que se han cobrado más empleos en sectores típicamente masculinos como la construcción o la industria, en esta ocasión el comercio, el turismo o la hostelería, altamente feminizados, son los que sufrirán el mayor golpe. Además, las mujeres han asumido la mayor parte de las tareas de cuidados tras el cierre de guarderías y colegios. “Este es un mundo desigual y las mujeres tienen menos activos financieros para protegerse, por tanto, van a sufrir más como consecuencia de esta crisis, como también lo van a hacer las comunidades con menos ingresos, los niños o los jóvenes”, señala Gabriela Ramos, directora de la OCDE, quien lamenta que, en general, los Gobiernos no hayan aplicado una perspectiva de género en las medidas tomadas para reactivar sus economías.

Sin embargo, también hay razones para el optimismo: la crisis de la COVID-19, coinciden los expertos, puede contribuir a reducir la brecha de género en el mercado laboral a largo plazo. “Este experimento de teletrabajo masivo va a suponer un avance brutal: hemos aprendido que se puede trabajar desde casa, dirigir desde casa y reforzado la confianza entre empresa y empleado. El trabajo flexible ha venido para quedarse y representa una gran oportunidad para la mujer”, asegura Nuria Chinchilla, profesora de liderazgo y dirección de personas en IESE Business School y asesora del Foro Económico Mundial. Además, “la cuarentena ha obligado a las familias a adaptarse y distribuir las obligaciones domésticas y esta situación, aunque temporal, puede tener un gran impacto en la corresponsabilidad y en un reparto más equitativo de las tareas domésticas y de cuidados”, concluye.

7. La globalización no será víctima del coronavirus

En las últimas décadas, el mundo se ha acercado cada vez más a nivel económico: países como China, Estados Unidos, Alemania, Holanda, Francia o Japón se han beneficiado de esta globalización exportando bienes a todo el planeta, pero la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto que las dependencias no siempre son ventajosas. Algunas expertos ya se preguntan: ¿necesitan las economías ser más independientes? ¿Ha llegado la globalización a su fin? Según el director general de la Federación de Industrias Alemanas (BDI), Joachim Lang, el proteccionismo se ha hecho evidente desde la crisis financiera mundial de 2008, pero eso no significa que la globalización vaya a ser víctima de la COVID-19.

“La pandemia ha demostrado que las empresas pueden reaccionar a las alteraciones temporales de las cadenas de valor mundiales”, matiza. Desde su punto de vista, las empresas están analizando ahora sus cadenas de suministro en busca de debilidades, así como revisando los procesos de producción y las relaciones con los proveedores. Para el presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), Marcel Fratzscher, “los países europeos deberían perseguir el objetivo de reducir las dependencias excesivas en áreas relevantes”. Sin embargo, advierte del riesgo de una “competencia por la autosuficiencia”. A ojos de este experto, Europa seguirá dependiendo en el futuro de las relaciones comerciales no europeas, sobre todo por los materiales escasos que son esenciales para las tecnologías futuras.

8. Una oportunidad para el clima

Los niveles de contaminación han caído y la calidad del aire ha mejorado desde que las fábricas cerraron en todo el mundo y los aviones se quedaron en tierra como consecuencia de la pandemia. Pero un cierre permanente y global no es un enfoque realista en la lucha contra el cambio climático, lo que no quita que estemos ante una oportunidad para dar un impulso decisivo a las políticas verdes. Según la economista del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), Claudia Kemfert, “el Estado debe invertir de manera directa en la reestructuración del suministro de energía hacia las energías renovables y el ahorro energético”.

Las ayudas financieras y paquetes de estímulo económico no deben destinarse a tecnologías anticuadas y perjudiciales para el clima bajo ninguna circunstancia, añade. Es momento de aprovechar la crisis del coronavirus para pensar en cómo se puede prevenir o mitigar una crisis climática: ¿por qué no vincular ese nuevo comienzo a la mejora del tráfico y el auge de otros medios de transporte menos contaminantes? “La pandemia debe cambiar la forma en que pensamos y actuamos. De lo contrario, pagaremos el rescate de una crisis a ciegas con los costes de la siguiente”, advierte Kemfert.

9. Todas las miradas puestas en el ‘e-learning’

El confinamiento ha disparado el interés por el e-learning: en tan solo unas semanas las búsquedas en Google se triplicaron con respecto al mes de enero en todo el mundo —España no ha sido una excepción—. La pandemia ha puesto de moda un fenómeno que ya crecía con fuerza: las inversiones en el sector de la edtech ascendieron a 16.590 millones de euros en 2019 y el mercado global alcanzaría en 2025 los 312.000 millones de euros, según el Foro Económico Mundial. La nube, smartphones más asequibles y conexiones más rápidas, explica Global Market Insight, son los factores que están facilitando una evolución del sector, cuyas tendencias más evidentes son la personalización, la modularización en cursos cortos y la posibilidad de aprender desde el móvil. 

Durante la emergencia sanitaria hemos presenciado una carrera hacia el streaming, con los sistemas de videoconferencia desempeñando un papel central. Pero esta es tan solo la punta de un iceberg en cuya base se encuentra un aprendizaje continuo, abierto, asíncrono y disponible a través de distintas plataformas. “Podemos hablar de legitimación”, asegura Mauro Cliase, director del proyecto Federica Weblearning de la Universidad Federico II de Nápoles, quien añade que “todos los profesores han tenido que lanzarse a las aguas digitales y aprender a nadar”. Para las universidades, apostar por la educación online significaría recortar gastos, pero también entrar en una competición internacional aún por definir. Para la enseñanza obligatoria, la necesidad de interacción entre profesores y alumnos supone un límite, pero hay margen para el crecimiento.

10. Protección de datos: un paso hacia adelante

Las compañías europeas han considerado que las estrictas leyes de protección de datos de la UE representaban una desventaja para sus modelos de negocio digitales. De hecho, la introducción de la RGDP estuvo precedida de un gran nerviosismo en el sector empresarial. Sin embargo, el debate sobre las aplicaciones de seguimiento de contactos para combatir el coronavirus ha favorecido que la protección de datos ya no sea vista como un obstáculo sino como una garantía de éxito en el lanzamiento de una aplicación.

Para Henning Tillmann, desarrollador de software y co-presidente del think tank D64, “las app de rastreo de la COVID-19 han demostrado que los grandes retos tecnológicos pueden superarse si la protección y seguridad de los datos se encuentran entre las prioridades”. Este experto está convencido de que calará la idea de que una buena protección de datos es positiva para todos. Además, la privacidad ya no solo tiene un papel central en Europa, como pone de manifiesto el hecho de que Apple y Google, dos gigantes tecnológicos estadounidenses, hayan optado por el protocolo DP3T, descentralizado y respetuoso con la privacidad —y desarrollado por investigadores europeos— para implementar la interfaz de rastreo en sus sistemas operativos.

Artículo publicado en linked In

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