¿Sabes cómo hacer tu alimentación más sostenible y respetuosa con el medio ambiente?

Debemos tener claro que lo que comemos no solo tiene impacto en nuestra salud sino también en nuestro entorno, en nuestro medio ambiente, porque la producción de alimentos requiere de energía y de recursos, y según los utilicemos, lo que comemos podrá ser más o menos sostenible.

Concienciar a la población de ello es uno de los principales motivos por los que la dietista-nutricionista Raquel Bernácer ha decidido escribir ‘Lunes sin carne’ (Vergara), un manual en el que, entre otros puntos, plantea para conseguirlo el no comer carne el primer día de la semana.

Así, esta experta universitaria en Educación alimentaria y máster en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada lamenta que a día de hoy la población entiende poco el concepto de sostenibilidad, haciendo hincapié en que ésta no es solo reciclar el papel, o ir al mercado con una bolsa de tela, sino también es «una actividad de desarrollo económico que cubre las necesidades de la sociedad del presente, sin comprometer las necesidades de las futuras».

Por ello, dice hay que hacer buena gestión del agua, de los residuos en la fabricación de alimentos, para que nuestros hijos o nietos puedan seguir alimentándose y usando los recursos que nos da la tierra.

Es más, resalta que, dado que el cambio climático es un hecho y cada vez es más patente que estamos destruyendo los recursos del planeta, es un buen momento para ser conscientes de que la alimentación puede representar una vía para cuidar de nuestro planeta, no sólo comiendo sano, algo que redundará en nuestra salud, sino comiendo lo más sostenible posible, algo con lo que también cuidaremos de nuestro planeta.

De hecho, destaca que dentro de las actividades económicas, los sistemas alimentarios producen un 26% de los gases de efecto invernadero, «una cifra que para una sola actividad es mucho, y que no podemos dejar de producir puesto que somos millones de personas en el mundo».

Aquí recuerda que, dentro de la cadena alimentaria hay varios actores, como ganaderos o agricultores, siendo la ganadería intensiva la que más recursos utiliza (agua, tierra), más gases produce, más contamina. «Gran parte de los ganaderos deberían poner en marcha prácticas para reducir esta contaminación, pero después vemos que consumimos muchísima carne y a más demanda mas producción. Por tanto, reducir el consumo de carne es una acción de entre tantas otras para contribuir a un entorno más sostenible», sostiene en una entrevista con Infosalus.

En su libro pregunta a los lectores si por ejemplo te has preguntado alguna vez cómo ha llegado el tomate a tu plato: «¿Quién lo ha cultivado y cómo?¿Quién lo ha llevado a la tienda y cómo? Lo que pasa del campo al plato es lo que entendemos como ‘sistema alimentario’, y los actuales no son capaces de alimentara a toda la población mundial de forma eficiente y satisfactoria, dependen enormemente de energías fósiles, de sustancias químicas, de medios de transporte de larga distancia y del trabajo humano desempeñado a bajo coste. Generan por otro lado en las personas deficiencias de micronutrientes como un consumo de energía a través de grasas de mala calidad y azúcar, lo que nos lleva a un aumento del sobrepeso y la obesidad«.

De hecho, incide en que un tomate no será sostenible pese a utilizar la mejor tecnología de gestión del agua y control de plagas, si los recolectores están explotados, o el agricultor lo tiene que vender a un precio ocho veces menor que el que tendrá en el supermercado. «Una carne no será sostenible si permite el crecimiento económico de la empresa que la comercializa pero al hacerlo no se cuida la gestión de residuos ni el bienestar animal, o la salud y las condiciones laborales de sus trabajadores», agrega.

Con ello, Bernácer insiste en que la idea de su libro reside en animar a la población a reducir el consumo de carne, no solo por salud, ya que al comer más carne dejamos de comer vegetales, sino también para proteger la salud del planeta. «Dejando de comer carne un día a la semana es posible producir un impacto en el medio ambiente, en la salud o en la economía local», mantiene.

¿En España comemos mucha carne?

La dietista-nutricionista resalta que en España consumimos más carne de la que deberíamos, y según los últimos datos que maneja del Ministerio de Agricultura de 2018, se consumió 46,16 kilos de carne por persona y año, lo que sale a 126 gramos de carne por persona cada día.

«Según las recomendaciones de las guías alimentarias internacionales, el consumo de carne recomendado a la semana no debe superar las 3-4 raciones, y éstas deben ser de unos 100 gramos de carne. Con lo cual, en España estamos doblando la cantidad de carne, por lo que no habría ninguna necesidad de promocionar la carne, sino que tendríamos que hacer lo contrario, convencer a la gente de que reduzca su consumo y lo sustituya por legumbres», agrega la experta.

Insiste también en que la carne ‘per se’ no es mala para nuestra salud, pero sí lo es un consumo excesivo de la misma: «Va asociado a un menor consumo de legumbres y de vegetales, alimentos que nos aportan nutrientes importantes como fibra, antioxidantes, vitaminas, o minerales que la carne no nos aporta. Sí nos aporta hierro, vitamina B12, así como proteína de buena calidad, que también podemos conseguir por otros alimentos».

En cuanto al consumo de carne roja, la experta en Educación alimentaria recuerda que la OMS ha alertado de que un consumo excesivo de la misma aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer. Por tanto, según remarca, de acuerdo con las recomendaciones de las guías de alimentación internacionales, se debe consumir carne roja una vez a la semana, y de las otras 2-3 veces que debemos consumir carne a la semana, ésta debe proceder de aves o de otras carnes.

Bernácer sugiere en este contexto que cada persona revise cuánta carne come a la semana, y si come más de 3 veces, debe reducir ese consumo. «El ‘lunes sin carne’ es una iniciativa para iniciarnos en el mundo de la alimentación basada en vegetales. Simplemente consiste en que durante un día no comas carne. Es sencillo, aunque a la gente le puede costar porque tenemos muy interiorizado que si no tenemos carne en el plato no nos estamos alimentando. Con esta iniciativa viramos hacia una alimentación más sostenible, y también abrimos la puerta a la cocina basada en vegetales; algo que por supuesto no incluye el hacerse vegetariana», defiende.

Para identificar que una carne ha sido producida de forma sostenible, la dietista-nutricionista lamenta que a día de hoy no disponemos de sellos de calidad que así lo identifiquen, pero sí pide tener claros varios conceptos: «Si hablamos de una carne producida por un productor local, donde los animales se crían en libertad, como la carne de pasto, donde se han respetado los ciclos biológicos de los animales y los ganaderos siguen prácticas para gestionar todos los residuos que se producen, esto se podría catalogar como una carne sostenible».

A su juicio, es importante dejar claro que la carne si es sostenible, procedente de ganadería extensiva, será mejor que la procedente de la ganadería intensiva, la que está constantemente produciendo. «Si comparamos la producción de alimentos de forma intensiva o extensiva, la producción de alimentos de origen vegetal siempre tendrá menos impacto en el medio ambiente que los de origen animal», zanja.

Por otro lado, pide no confundir una producción sostenible con la etiqueta ecológica de los alimentos, señalando que «el problema de la etiqueta ecológica es que hace referencia a una legislación que se ha acordado así, pero no significa que por ser ecológica sea sostenible».

Así con todo, Raquel Bernácer sentencia que para lograr una alimentación más sostenible, que cuide de nuestra salud, pero también de nuestro planeta, lo importante es reducir el consumo de carne, todo lo que estemos dispuestos a reducir; y después, si vamos a consumir carne o alimentos de origen animal, que estos procedan del sello ecológico o ‘bio’, porque de esta manera así garantizamos que ciertas prácticas se están cumpliendo, sobre todo en cuanto a bienestar animal. «Al reducir el consumo de carne, incrementamos el consumo de vegetales, cuidamos así de nuestra salud, y tenemos un impacto sobre el medio ambiente», sentencia.

Fuente: Infosalus