Por qué es de vital importancia promover la pesca sostenible

Es necesario apostar por un modelo más respetuoso con el medio ambiente, al igual que contar con una definición consensuada de lo que entendemos por pesca y acuicultura sostenibles

La FAO ha emitido recientemente la primera declaración a favor de la pesca y acuicultura sostenibles, donde se insta a las administraciones, entre otras cosas, a adoptar medidas más contundentes para combatir la INDNR (pesca ilegal no declarada y no reglamentada), dentro de un paquete de medidas para fomentar la gestión sostenible de los recursos acuáticos. En el documento El estado mundial de la pesca y la acuicultura, correspondiente al año 2020, se estima que la producción pesquera total mundial aumentará hasta los 204 millones de toneladas en 2030, un 15% más que en 2018, y que la cuota de acuicultura pasará del 46% actual al 53%. Esto significa que, “si las administraciones no se implican firmemente para garantizar la pesca sostenible, y en la actualidad tienen numerosas propuestas al respecto encima de la mesa, a este ritmo se acabarán por destruir por completo los ecosistemas marinos”, señala Celia Ojeda, responsable de Consumo de Greenpeace.

Las cifras son alarmantes. Según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change, el plástico supone el 95% de residuos del mar Mediterráneo, que ha visto como se ha reducido la posidonia (las extensas praderas de vegetación que tapizan el fondo marino donde se alimentan y reproducen más de 400 especies de plantas marinas y 1.000 especies de animales) en un 40% y que se ve amenazado por más de 700 especies invasoras. Por otra parte, la sobrepesca amenaza también a especies como el atún rojo, el bacalao, el mero, la anguila (se han perdido hasta el 99% de las europeas, según datos de Greenpeace) o los salmones, que han desaparecido de muchos ríos a ambos lados del Atlántico y aparecen en numerosas listas de especies amenazadas.

Pescadores portugueses recogen pescado y lo colocan en contenedores

Por otro lado, según datos del estudio Global Fishing Watch de 2019, en 2017 se extrajeron del mar unos 92,5 millones de toneladas de pescado del océano, de las cuales dos tercios fueron capturados por 15 países, con China e India a la cabeza. Este documento señala, además, que la pesca insostenible mantiene un ritmo creciente: del 10% de 1974 al 33% de 2015.

Es evidente, por tanto, que es necesario apostar por un modelo de pesca sostenible y respetuoso con el medio ambiente, aunque no existe una definición consensuada de lo que entendemos por pesca y acuicultura sostenibles. Lo explica Celia Ojeda, de Greenpeace. “Mientras en el caso de la agricultura ecológica existe una certificación oficial, que exige a los productores cumplir una serie de estándares, no ocurre lo mismo en el caso de la pesca sostenible, ya que existen diversas certificadoras privadas con criterios diferentes para otorgar el sello”, lo que provoca, en primer lugar, que sea complicado establecer una definición estándar de lo que entendemos por un modelo de pesca sostenible. “No existe un sello de pesca sostenible aceptado en todo el mundo, sino diversos sellos, y esto no solo desorienta al consumidor, sino que hace que los criterios sean variables”, explica Ojeda.

En el caso de Marine Stewarship Council (MSC), una certificadora internacional con más de diez años de experiencia en España, se basan en el Código de Conducta Responsable elaborado por la FAO. Según la directora de MSC España, Laura Rodríguez, este “parte de un enfoque de base científica, que se sustenta sobre tres principios: el estado de la población de peces, el impacto del arte de pesca en el ecosistema y, por último, la gestión”. Rodríguez señala que, para obtener una certificación, “MSC no distingue entre buenas o malas artes de pesca, puesto que hay pesquerías de arrastre, que en principio se identifican con aquellas con más impacto para el ecosistema, que han sido capaces de identificar y minimizar estos impactos, mientras que otras pesquerías con arte de bajo impacto puedan tener malos stocks y, por tanto, no lograr la certificación”.

«No existe un sello de pesca sostenible aceptado en todo el mundo, sino diversos sellos, y esto no solo desorienta al consumidor, sino que hace que los criterios sean variables« Celia Ojeda-Responsable de Océanos y Pesca en Greenpeace

Así pues, mientras la FAO considera la pesca de arrastre como una práctica sostenible si se realiza en el marco de unos estándares establecidos en su Código de Conducta Responsable, algunas organizaciones, como Greenpeace, piden ir un paso más allá. “La pesca de arrastre es altamente destructiva, puesto que destruye hábitats que son esenciales para el desarrollo de las especies, y actualmente se está ejerciendo muchísima presión pesquera”, señala Ojeda. Asimismo, Greenpeace también cuestiona sistemas como la pesca de cerco en el caso del atún rojo. “El cerco al atún rojo ha sido el que ha llevado la especie al colapso, mientras que en otras especies no es un arte pesquero dañino. Es el caso de la sardina, la caballa o la anchoa”, continúa Ojeda.

Precisamente en el caso de la anchoa, por poner solo un ejemplo de la sobreexplotación marina, se produjo un colapso durante los años 2006-2010. Lo recuerda Juan Yurrita, director de Exportaciones de Yurrita Group, una empresa familiar con más de 150 años de historia ubicada en Mutriku (Guipúzcoa), especializada en anchoa y bonito. “Tuvimos un período de veda de cuatro años en el Cantábrico y fue precisamente ese parón el que nos hizo darnos cuenta de que estábamos sobreexplotando los recursos cercanos: ahí surgió la necesidad de poner nuestro grano de arena para garantizar la sostenibilidad de las pesquerías”. Durante esos cuatro años, las compañías ubicadas en el Cantábrico continuaron su producción con anchoas procedentes del Mediterráneo, lo que les permitió seguir con la actividad al tiempo que tomaban conciencia de que la situación era límite.

El ejemplo de la anchoa es, según Greenpeace, paradigmático de la situación del sector pesquero en España. “Es habitual que muchos pescadores y pescadoras vayan más allá de lo establecido por la administración y que ellos mismos promuevan zonas protegidas, con el objetivo de gestionar sus recursos de forma sostenible. Si quieres mantener tu economía no tiene sentido reventar tu propio almacén, de modo que si las administraciones no actúan son los propios implicados quienes lo hacen, conscientes de la gravedad de la situación”, explica Ojeda.

Otro de los problemas que presenta el hecho de que no exista un sello oficial que certifique qué sistemas de pesca son o no sostenibles, es que, en palabras de Greenpeace, “solo pueden acceder a la certificación las empresas que tienen cierta solvencia económica, cuando si lo que queremos es garantizar las buenas prácticas pesqueras en el conjunto del sector la existencia de certificadoras privadas, a las que acceder de forma voluntaria, es totalmente insuficiente”, explica Ojeda. Desde Greenpeace, por tanto, se insta a promover un etiquetado oficial que indique “de dónde procede el pescado, en qué puerto fue desembarcado y qué tipo de pesca se ha empleado, para que el consumidor tenga toda la información a su alcance”, señala la responsable de Greenpeace. “De hecho, la legislación que aprobaba el etiquetado data de 2014, pero no se ha implementado correctamente en la mayoría de los supermercados”.

En cuanto a la acuicultura –lo que conocemos como piscifactorías–, “es importante que tengan el mismo cuidado para operar de manera sostenible y responsable, puesto que es un modelo que debe convivir con la pesca”, señala Rodríguez, de MSC, pese a que esta ONG no certifica la acuicultura, sino modelos intermedios entre la pesca extractiva y la acuicultura, como los mejillones. Desde Greenpeace, por su parte, señalan algunos problemas que presenta buena parte de la acuicultura en la actualidad. “La mayoría de las especies que se crían son carnívoras, lo que significa que requieren la captura de otros peces para alimentarlos, cosa que es un sinsentido. Es frecuente que la especie que se pesca para convertir en pienso proceda de las costas de África, de manera que estamos quitando esa fuente de proteína a las poblaciones más vulnerables”, señala Ojeda, quien recomienda consumir siempre pescado de proximidad, el cual “implica menos emisiones por el transporte”.

Por: Laura Conde, La Vanguardia