Panamá crea una reserva marina casi tan grande como su superficie terrestre

underwater coral reef landscape background in the deep blue ocean with colorful fish and marine life; Shutterstock ID 578903662; NOMBRE DE LA REVISTA: TRAVEL; NOMBRE DEL USUARIO: ABISH; EDICION NUMERO: 008

Este espacio protegido, que da refugio a tortugas, tiburones y ballenas, incluye nueve cordilleras bajo el mar, con montañas marinas que superan en algunos puntos los 3.000 metros de altura

Panamá ha dado este martes 8 de junio un paso de gigante para proteger sus mares. El país centroamericano, rico en biodiversidad, pero uno de los más amenazados por el cambio climático, ha creado una reserva marina en sus aguas del Pacífico de 67.742 kilómetros cuadrados, es decir, un área casi tan grande como su superficie terrestre (75.517 kilómetros cuadrados). Está localizada en la llamada Cordillera de Coiba, un amplio espacio rico en recursos pesqueros, pero también importante punto de encuentro de especies marinas que hallan en la región abundantes alimentos. De esta manera, Panamá cumple con las metas de protección establecidas en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, firmado por 196 países para la conservación y la utilización sostenible de los recursos marinos. Junto con las reservas vecinas de Colombia, el área protegida se amplía a 121.341 kilómetros cuadrados, lo que la convierte en la tercera reserva marina más grande del Pacífico tropical. “Estamos muy contentos”, dice Milciades Concepción, ministro del Ambiente de Panamá. “Toda la región está muy entusiasmada porque Panamá va a lograr esto”, agrega.

Límites de la nueva reserva marina

Panamá amplía la reserva del Área de Recursos Manejados de la Cordillera de Coiba hasta los 67.742 km2, el equivalente a un 90% de la superficie terrestre del país. Junto con las reservas colombianas vecinas, la zona protegida suma 121.341 km2

Panamá creó en septiembre de 2015 una reserva marina en la cordillera submarina de Coiba de 17.223 kilómetros cuadrados para proteger la flora y fauna amenazadas, así como recursos pesqueros considerados críticos para la nación centroamericana. Con el apoyo de expertos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, las autoridades panameñas han ampliado el área protegida, que incluye nueve cadenas montañosas, con montañas marinas que superan en algunos puntos los 3.000 metros de altura y donde, según los científicos involucrados en el proyecto, habitan al menos 14 especies de mamíferos marinos. La zona es punto de alimentación y reproducción de tortugas marinas, marlines (o peces vela), tiburones y ballenas, incluyendo especies consideradas vulnerables o en peligro de extinción. Para garantizar la protección del nuevo espacio, el ministro Concepción asegura que su Gobierno está en conversación con organismos internacionales que velan por la protección de los recursos naturales para proveer a Panamá de herramientas tecnológicas para vigilar la zona. “Estamos estableciendo los mecanismos que permitan vigilar el área, así como la creación de un plan de manejo que coordinamos con el Instituto Smithsonian, que establece la vigilancia, supervisión y control, lo que nos va a facilitar que se cumplan las limitaciones que debe tener esta área protegida en el usufructo de sus recursos. Se puede garantizar sin ningún problema su protección”, explica.

La biodiversidad de la Cordillera de Coiba

Panamá es uno de los puntos neurálgicos del comercio mundial. El país amplió su canal en 2016 y datos oficiales muestran que 4.899 barcos cruzaron la vía interoceánica en 2019. Los estudios realizados por los expertos del Smithsonian muestran que entre las naves que atraviesan la zona protegida están buques de la marina mercante internacional, aunque los petroleros son los que más recorren el área. También hay pesqueros internacionales que realizan capturas con redes de cerco para atrapar atún de forma ilegal, una actividad que genera ganancias valoradas en cinco millones de dólares anuales. Otras especies, como el tiburón, también sufren las consecuencias de la captura ilegal. “Se trata de una pesca muy dañina para el medio ambiente por las cantidades que se extraen”, explica Héctor Guzmán, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. “Se supone que eso no debería estar ocurriendo”, añade. Guzmán es el artífice de la ampliación de la reserva, y a través de organizaciones internacionales logró los fondos para expandirla. “El plan es reducir el esfuerzo pesquero en el área y permitir que los recursos puedan llegar hasta la zona más cercana a la costa, donde está la flota artesanal panameña, que no tiene la autonomía de trasladarse hasta el sur. Además, la pesca que vamos a permitir es selectiva, es decir, que no afecte a otras especies como tiburones o tortugas, lo que es una contribución sólida a la conservación. Con esto se permite que el recurso se recupere, porque ya no se va a extraer de forma destructiva, y se beneficie a las economías locales que podrán acceder a él”, enumera Guzmán.

Los conservacionistas están entusiasmados con la nueva reserva, creada por decreto la tarde de este martes, cuando se celebra el Día Mundial de los Océanos, por el presidente de Panamá, Laurentino Cortizo. Entre esos conservacionistas está el chileno Maximiliano Bello, de la organización Mission Blue, cuyo trabajo es influir en los Estados para crear áreas marinas protegidas en todo el mundo. “Si cada país hiciera su parte, como lo hace Panamá, se podría proveer de un mejor futuro a estos ecosistemas marinos”, argumenta Bello. “Las cordilleras submarinas están entre los elementos físicos más importantes para la biodiversidad. Las montañas marinas generan procesos oceanográficos, como movimientos de corrientes, que producen más vida. Son lugares clave para las especies marinas”, agrega. Proteger estas áreas, dice Bello, es una inversión de futuro para las poblaciones que viven de los recursos marinos. “Tenemos que poner más recursos e invertir en el cuidado de la naturaleza, porque es un capital importante. Hay que ampliar incentivos a su conservación, porque es la fuente de toda actividad económica”, afirma.


Por: Carlos Salinas Maldonado, El PAÍS