Francia propone ayudas para cambiar coches viejos por bicis mientras España lo fía todo al coche eléctrico

Paris, France - September 27, 2015: People on bicycles and pedestrians enjoying a car free day on Alexandre III bridge in Paris, France

Varios expertos critican que la apuesta por la movilidad sostenible española no incluya todavía el transporte público ni la bicicleta

El Gobierno español acaba de lanzar un nuevo plan para promover la sustitución de coches viejos por otros eléctricos. Pero, ¿y si las ayudas se destinaran también a cambiar autos por bicicletas? Esta es la propuesta que se aprobó el pasado viernes en la Asamblea Nacional de Francia, que votó unánimemente a favor de una enmienda de su ley de cambio climático que amplía las primas de conversión a “las personas que deseen reemplazar un vehículo viejo” contaminante por “una bici eléctrica”. Esta medida también se quiere aplicar para las denominadas bicicletas “cargo”, cada vez más en boga para el transporte de productos en este país, sobre todo en ciudad.

Aunque algunos medios ya han calculado en 2.500 euros la ayuda por mandar un coche viejo al desguace, el Ministerio de Transición Ecológica francés ha explicado a EL PAÍS que todavía falta precisar qué modelos de coche podrán beneficiarse de la prima y para qué tipo de bicicletas, así como el montante de la prima y las personas que podrán solicitarla. Para el presidente de la federación francesa de usuarios de bicicleta, Olivier Schneider, la medida constituye un auténtico “cambio cultural” en un país de arraigada tradición automovilística.

La medida no estaba originalmente prevista en la ley climática que el Gobierno francés quiere aprobar —todavía está en su primera fase de discusión en la Asamblea Nacional— como muestra de su compromiso ecológico, si bien tanto ONG como organismos asesores del Ejecutivo la consideran “insuficiente”. De hecho, una de esas “insuficiencias” era que, pese a que Francia impulsa desde hace algunos años un plan para promover la bicicleta, esta no aparecía apenas en el texto de la ley. Una cuestión corregida con esta enmienda, que busca impulsar más un medio de transporte barato y ecológico que ya vive un auténtico bum en el país: la semana pasada, la Unión Sport & Cycle, que federa a la industria de la bicicleta gala, anunció que el mercado francés aumentó 25% en 2020, con 2,6 millones de bicicletas nuevas vendidas, de ellas 500.000 eléctricas.

Mientras, en España, los fondos de recuperación europeos anunciados para movilidad (13.200 millones) están destinados, sobre todo, a subvencionar coches eléctricos (hasta 7.000 euros por usuario) y puntos de recarga. Varios expertos critican que todavía no haya una apuesta decidida por el transporte público ni la bicicleta. “La movilidad sostenible no es cambiar coches por coches eléctricos. Hay que priorizar la movilidad activa (andando y en bici) y el transporte colectivo”, explica David Lois, profesor de Psicología Social en la UNED y experto en movilidad.

“El plan Moves III no incluye ayudas para bicis eléctricas ni para sustituir un automóvil por una bicicleta, pero habrá otros programas que incentiven el uso de la bici en los núcleos urbanos”, explica un portavoz del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica. El Ministerio de Transportes, por su parte, explica que impulsará la creación de carriles bus, la modernización de las flotas de autobuses y otras medidas a favor del transporte colectivo, pero las inversiones todavía no se han anunciado. El departamento también quiere fomentar el uso de la bicicleta, pero por ahora sin partidas específicas. El único dinero comprometido es para vehículos eléctricos.

“La inversión en coche eléctrico no soluciona muchos de los problemas que genera la movilidad motorizada: el uso del espacio público, la accidentalidad, los atascos…”, critica Esther Anaya, investigadora en el Imperial College de Londres. “Además, el vehículo eléctrico también genera contaminación por cómo se produce la energía, que no siempre es limpia”, añade. En su opinión, “la electrificación puede ayudar a hacer una fracción de los viajes sostenibles, pero si lo presentamos como solución general estaremos vendiendo algo que no nos lleva a transformar la movilidad”.

Necesario, pero no suficiente

Xavier Querol, experto en contaminación del CSIC, apunta que “el coche eléctrico es una medida necesaria pero no suficiente para resolver la mala calidad del aire”. El científico propone centrar las subvenciones en electrificar taxis y furgonetas: “Una familia suele usar el coche como mucho una hora y media al día, el resto del tiempo está aparcado. En cambio, un vehículo de distribución urbana o un taxi está dando vueltas 10 horas al día, es decir, vale por 10 coches”. Querol pide una gran inversión en transporte público y que los convenios laborales vuelvan a incluir el abono de transportes.

David Lois señala que poco más del 2% de los coches que se venden en España son eléctricos. “¿Es realista concentrar la urgencia del calentamiento global en este aspecto? No creo que sea la prioridad”, critica, y apuesta por cambiar el reparto modal, es decir, la manera en que la gente se mueve. “En torno al 30% de los viajes en coche en España son de menos de dos kilómetros, y el 50% menos de cinco kilómetros. El coche eléctrico no reduce la congestión urbana, ni los atropellos, ni el sobrepeso. Además, estas ayudas subvencionan a las rentas más altas. Necesitamos menos coches circulando, aunque sean eléctricos. Es más urgente electrificar los autobuses antes que los coches privados”.

El Gobierno se comprometió hace casi un año a impulsar una Estrategia Nacional de la Bicicleta que por ahora sigue sin lanzar. Transportes dice que lo harán “en los próximos meses”. Laura Vergara, de Con Bici, que aglutina a decenas de asociaciones ciclistas, critica que “por ahora, el único compromiso con la bici son cinco millones de los Presupuestos para esa estrategia. En los fondos de recuperación, la bici está nombrada al final de forma genérica y sin proponer nada concreto”. La bicicleta, el medio de transporte más sostenible, sigue esperando el impulso estatal.

Por: Silvia Ayuso, El PAÍS