Contra el desperdicio de alimentos se puede comprar el lote los excedentes.

Por: Rocío Mendoza

Ayer conté cuántas piezas pasaron directas del frutero al cubo de la basura: tres peras y una naranja. Con tres plátanos casi deshechos hice un esfuerzo: busqué una receta en Internet y los reciclé en deliciosas magdalenas. Lo demás, desperdiciado. Mea culpa. ¿Calculé mal las necesidades familiares de la semana (una de tantas) o comimos menos de lo habitual?  Quizá las dos cosas. Pero seamos sinceros: que tire la primera piedra quien no se haya visto en esta situación. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) avisa de que sucede en ocho de cada diez hogares españoles de forma habitual.

Con motivo del Día Mundial contra el Desperdicio Alimentario el 29 de septiembre, las partes implicadas en el sector de la alimentación nos han recordado lo mucho que malgastamos comida y lo poco conscientes que somos del problema real que esto supone, sobre todo, para la sostenibilidad del medio ambiente. Productores, distribuidores, instituciones, consumidores… Todos han lanzado sus datos al respecto. Y abruman: los hogares españoles desperdiciaron 1,35 millones de kilos de alimentos durante el año 2019, según el Panel de Consumo difundido por Aecoc, la asociación que agrupa a fabricantes y distribuidores del sector. Pero no solo en los hogares se tira a la basura lo que no se consume.

En la fase de fabricación, y en la de distribución sobre todo, muchos productos acaban en el vertedero. Porque a pesar de ser aptos para el consumo ya no pueden ser vendidos en la tienda (caducidad al límite, estándar de aspecto no válido, empaquetado defectuoso, etc.) y las donaciones a entidades benéficas se centran en productos empaquetados no perecederos porque los frescos requieren de una logística compleja, debido a los estándares de seguridad y calidad que exigen. La mayoría de las grandes cadenas tienen recursos y políticas de aprovechamiento. Y aún así el 42% de sus excedentes acaban en la basura, según la última encuesta realizada por Aecoc. Si esto sucede a grandes marcas, el pequeño comercio no es menos.

La alternativa fácil

Con este panorama nos preguntamos, ¿cómo podemos contribuir para paliar un problema estructural más allá de tener cuidado de que no se ponga mala la verdura en la nevera?  Para quienes se sientan implicados con el consumo responsable, el medio ambiente y el comercio de proximidad tenemos una propuesta: aplicaciones móviles que ponen en contacto a comercios con excedentes y a usuarios interesados en comprar a bajo coste productos aún aptos para su consumo pero no para su venta al día siguiente. Acaban de irrumpir en el mercado y están alcanzando muchísima popularidad. Hay varias. Las más conocidas son Too Good to Go (en 22 ciudades españolas, con más de 700.000 usuarios y alrededor de 1.800 establecimientos asociados) y Encantado de Comerte (EdC), de creación española y en plena fase de expansión, con más de 150 establecimientos asociados. Nos hemos preguntado si es real la posibilidad de comer bien a precio de saldo y, sobre todo, qué inconvenientes tiene y a qué hay que estar dispuesto. Además de si es para todo tipo de público. Lo hemos probado con EdC y estas son las conclusiones. Lo más destacable es el uso de la tecnología para hacer el proceso muy sencillo. Solo hay que descargarse la ‘app’ gratuita en el móvil (1 minuto), registrarse con un correo electrónico que se verifica al instante y permitir que conozca tu ubicación en el mapa. Esto último es relevante porque elimina uno de los ‘peros’ que primero se nos vienen a la cabeza. «¿Tendré que recorrerme la ciudad en busca de un lote de comida de saldo » La respuesta es no. En un radio de 2 kilómetros aparecen las primeras ofertas publicadas por los comerciantes asociados. Frutas y verduras, panadería y establecimientos de comida preparada es lo que más abunda. «Hay ciudades con carnicerías y pescaderías, pero es cierto que no es lo que más abunda, nuestra tendencia va a ser a aumentar el peso de este tipo de alimento», reconoce Gabriel Ramas, uno de los cuatro cofundadores de Encantado de Comerte. En el listado aparecen lo que llaman ‘lotes sorpresa’. Este sistema le da una vuelta completa a la forma de hacer la compra. Consiste en adquirir pequeñas cantidades para consumir en el día o al día siguiente. No mucha para almacenar y tenerla disponible siempre, aun a riesgo de que sobre y haya que tirarla. Con este punto de partida asumido, el usuario tiene que reservar (ellos le llaman ‘salvar’) los lotes con solo pulsar un botón. Eso sí, solo puede recogerlo en el tramo horario señalado por el comerciante. Suele ser al final del día, cuando el establecimiento sabe ya a qué no le va a poder dar salida. En el caso de los locales de platos preparados, esto es sobre las 15.00 horas, tras el almuerzo.

Hacemos la prueba con una frutería del barrio y una panadería. En estos casos, el horario no es demasiado tardío. A las 18.30 horas teníamos recogidos ya los dos lotes. Y el resultado, efectivamente, sorprende tanto por el coste como por el contenido. «La rebaja es de hasta un 70% del precio con respecto a lo que valdría en el mercado normal», señala Ramas, uno de los cuatro cofundadores de EdC y el comerciante solo paga «0,75 euros de comisión» por dar salida de otro modo a su excedente. En la frutería adquirimos un lote sorpresa por 4,99 euros valorado en 15, perfectamente preparado en su caja. No defrauda: las uvas están sabrosas y las mandarinas, a pesar de no ser muy vistosas, están ricas. ¡Hasta incluye un kilo de legumbres, entre garbanzos y lentejas! En la panadería, por 2,99 euros nos llevamos tarta, empanadas saladas, 6 bollos y cuatro barras de pan variado. Nuestra cesta de la compra ilustra estas páginas del periódico. ¿Le parece que está para tirar a la basura A nosotros no.

Ese día cenamos panaché de verduras, puré de patatas para acompañar el pescado que había en casa, pusimos la legumbre en remojo para el potaje del día siguiente y consumimos toda la fruta en dos días. El pan, como nos recomendaron, lo congelamos para los desayunos de toda la semana. Solo gastamos 8 euros y tampoco hubo que pagarlo en efectivo: se hace a través de la aplicación con tarjeta. El secreto para que este sistema funcione es adaptarse a lo que hay y no al contrario. Porque, eso sí, los alimentos son para consumir rápido. Pusimos a prueba un melocotón y al tercer día tan solo valía para hacer compota.

En los establecimientos consultados dicen que acuden personas «de todo tipo» a diario. No es solo para familias desfavorecidas. Cierto es que ellas logran romper la barrera psicológica de acudir a la beneficencia gracias a este sistema. Pero también es perfecto para quienes quieran ahorrar o no gastar de más

Artículo publicado en La Verdad