Educación ambiental para frenar la degradación del planeta

La educación ambiental puede ayudar a crear hábitos y conductas más sostenibles para hacer frente a la emergencia climática, uno de los retos globales más urgentes.

La pandemia del coronavirus ha obligado a cancelar o retrasar las grandes citas por el medioambiente que estaban previstas para los últimos meses. Por ejemplo, la Cumbre del Clima de Glasgow se ha pospuesto para finales de 2021 y las manifestaciones masivas contra el cambio climático se han trasladado a las redes sociales.

Pero aunque han pasado a un segundo plano con el estallido de la crisis sanitaria, los problemas medioambientales no han desaparecido y ya se notan los efectos de un calentamiento global que registra temperaturas de récord, provoca tormentas más violentas y empeora la gravedad de los incendios. De hecho, el 2020 fue el segundo año más cálido de España.

«El calentamiento global está afectando a todos los continentes. Está afectando a las economías nacionales y alterando las vidas de las personas. Los patrones meteorológicos están cambiando, el nivel del mar está subiendo y los fenómenos climáticos son cada vez más extremos», insisten desde la Organización de Naciones Unidas.

Para promover unos hábitos de vida más sostenibles y reducir los efectos de la actividad humana sobre la naturaleza, la educación ambiental —aquella que busca generar hábitos y conductas sostenibles— se ha consolidado como una herramienta clave, que cada vez está más presente en los hogares y las redes sociales.

El origen de la educación ambiental

El medioambiente ocupa ahora un puesto en la agenda política internacional, pero durante años fue un asunto olvidado para los gobiernos de todo el mundo. Una de las primeras iniciativas para impulsar la acción coordinada de los países por la protección de la naturaleza fue la celebración de la Conferencia de la Biosfera en 1968.

Según recoge la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el objetivo de esta asamblea fue abordar “la importancia cada vez mayor de los problemas de conservación en la mayoría de los países, que requieren un enfoque intergubernamental y científico”.

Esos años ayudaron a poner la sostenibilidad en el mapa y, sobre todo, fue el momento en el que los jóvenes empezaron a tomar conciencia sobre la problemática medioambiental. Tan solo unos años más tarde, en 1988, se creó la Federación de los Jóvenes Verdes europeos, que hoy la integran más de 30 organizaciones juveniles u ONGs ecologistas.

Hoy en día, algunos países europeos incluyen la educación ambiental en sus currículos escolares. El último en dar un paso adelante ha sido Italia, que desde el curso 2020 ha introducido esta cuestión en sus aulas.

La educación ambiental, la gran asignatura pendiente de España

En España la educación ambiental no es una asignatura, aunque algunas comunidades autónomas como Madrid o La Rioja cuentan con programas sobre medio ambiente en algunos de sus colegios. Excursiones por la montaña, talleres sobre economía circular o charlas sobre la gestión del agua son algunas de las actividades que se organizan en estos centros escolares.

También existen en España otros proyectos para crear conciencia sostenible entre los más jóvenes como Naturaliza, que se basa en las tres A: Aprendizaje Ambiental Activo. Casi 1.000 profesores en toda España participan en este programa que busca ofrecer una educación ambiental transversal en asignaturas troncales de primaria como Ciencias Sociales, Matemáticas o Lengua Castellana ¿Y cómo lo hacen? A través, por ejemplo, de sesiones informativas sobre medio ambiente.

La educación ambiental también ha desembarcado en las redes sociales y existen cuentas en Twitter con miles de seguidores en las que se realizan debates y encuentros con diferentes expertos en la materia. Otro ejemplo es el canal de Youtube del biólogo y educador ambiental Alberto Parada, quien ha creado en la primera serie semanal sobre fauna salvaje española, “Aventuras Barbudas”. 

La cultura medioambiental, una apuesta a largo plazo

En el ámbito legislativo, a través de la nueva ley de educación en España se pretende promover «la cultura de la sostenibilidad ambiental” y contribuir a frenar el cambio climático.

 Por ejemplo, los Ayuntamientos de Barcelona o Valencia ya han puesto en marcha lo que se llaman “caminos escolares seguros”, para que los alumnos puedan ir a pie a clase y así promover con ellos los desplazamientos sostenibles. 

Las organizaciones ambientales también tienen en marcha distintos proyectos de sostenibilidad. Por ejemplo, algunas ONG organizan rutas para recoger la basura desechada en la naturaleza o programas para proteger la fauna española. 

El objetivo final de todo esto es crear conciencia social sobre la importancia de proteger el planeta, porque de él depende el futuro de todos.

Por: Jesús Espinosa, Elena Turrión y Nahiara S.Alonso, Newtral