Moda sostenible sigue creciendo en España

La importancia de la moda sostenible: feminismo, consumo responsable y economía circular están cada vez más a la moda. La moda sostenible sigue creciendo en España.

Según la Confederación Industrial Textil (Texfor) se estima que en 2019 esta industria facturó unos 5.800 millones de euros, aglomerando alrededor de 3.800 empresas      

Pasarela de Moda Sostenible / Beatriz Herranz
Pasarela de Moda Sostenible / Beatriz Herranz

El pasado 9 de febrero Alcorcón acogió la Pasarela de Moda Sostenible. Se trata del evento central de la Sustainable Fashion Week Madrid que se organiza sólo una semana después de la famosa Pasarela Cibeles. Un evento desarrollado por diseñadoras, diseñadores, modelos y muchísimas profesionales comprometidas con darle a la moda un rumbo sostenible y que, en especial, ha salido adelante gracias al fantástico trabajo realizado por Paloma García, directora de la SFW Madrid a quien queremos agradecer todo su empeño y dedicación.

La pregunta que planteó la organización de estas jornadas no sólo es pertinente, sino más necesaria que nunca: desde el corazón de la poderosa industria textil, ¿el actual modelo de consumo de ropa es sostenible en términos económicos, ecológicos y sociales?

Quienes escribimos este texto vemos, en el desarrollo de la industria textil y la problematización que hacen las jornadas de moda sostenible sobre ella, el mejor espejo de dos de las grandes transformaciones de nuestra época: la transición hacia un modo de vida sostenible como plantea el ecologismo y la necesidad de un nuevo sistema de relaciones (económicas, sociales, culturales…) que garantice la plena igualdad entre hombres y mujeres, como plantea el feminismo.

La industria textil arrastra, en toda su cadena de producción y consumo, esas dos grandes pulsiones, indispensable para construir una España de progreso en una recién inaugurada década de los 20. Y no lo hace por casualidad. Según la Confederación Industrial Textil (Texfor) se estima que en 2019 esta industria facturó unos 5.800 millones de euros (y eso sin contar hasta los 4.400 millones de ventas en el exterior), aglomerando alrededor de 3.800 empresas y contando con más de 47.000 trabajadoras y trabajadores. 

Las empresas españolas del sector se han internacionalizado y, por si las cifras supieran a poco, en la arena de lo simbólico el empresario Amancio Ortega ha sido presentado como la personificación del “mito emprendedor”, generando un enorme torrente de partidarios y detractores.

En definitiva, no se trata de un sector más, sino de un sector estratégico a través del cual se viven todo tipo de contradicciones desde el momento en que se empieza a hilar una prenda hasta que el consumidor decide comprarla. Entre medias, toda una compleja cadena de producción, distribución y publicidad, cuyo proceder incide, de manera sustancial, en la manera de vivir, pensar, socializar y vestir de millones de personas.

Hoy, la sociedad demanda tres aspectos a este sector: la sostenibilidad, la promoción de prácticas de consumo responsable y la reformulación de los cánones desde la perspectiva feminista.

En los ámbitos de sostenibilidad y consumo responsable el sector se encuentra con determinados problemas, destacando cómo gestionar el residuo textil una vez la persona quiere deshacerse de él. 

Los mercados de segunda mano han sido la opción preferente en esta área, pero con el matiz de que repercuta dentro del propio mercado nacional para que evitar que la sobreproducción de residuo textil desde el mal llamado “primer mundo” derivado a países en vía de desarrollo resulte de un hundimiento las industrias textiles nacionales.

Sea como fuere, en este ámbito Europa ya ha aprobado un paquete de medidas legislativas para promover la recogida selectiva del textil. Queda pendiente un gran esfuerzo de las instituciones por promover la investigación y la innovación para encontrar soluciones inteligentes a un residuo que no debería acabar quemándose. También más compromiso por parte de las grandes empresas privadas del sector, que deben mejorar la sostenibilidad de sus prendas en origen con técnicas y materiales que reduzcan sustancialmente el impacto o faciliten su reutilización desde el propio proceso productivo.

En el ámbito del feminismo, el sector textil y la moda tienen tareas que son inaplazables. Por un lado, visibilizar, regular y dignificar las condiciones laborales de las personas que fabrican la mayor parte de ropa de esta industria, en su mayoría mujeres y niñas que trabajan en condiciones extremadamente precarias, mal pagadas y poco valoradas. Los casos más graves tienen que ver con las fábricas textiles de Camboya, India y Bangladesh, que cuentan con grandes plantillas de personal para abastecer la demanda de grandes firmas de moda con sedes, muchas de ellas, en Europa. 

Afrontar esta situación es un reto actual, pero también una deuda histórica, pues ya a principio del siglo pasado se reivindicaban mejoras en las condiciones laborales, como las que en 1911 denunciaban las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York, en cuyo nombre se conmemora cada año el 8 de marzo.

Por otro lado, urge cuestionar los cánones de belleza que han reinado, hasta la fecha, en las principales pasarelas y espacios de publicidad, pues, el mensaje que envía la moda alrededor de los estilos, las tallas, las proporciones u otro tipo de estándares definen la percepción social de la belleza, encorsetando a millones de personas, sobre todo a las mujeres, en el cumplimiento de los mismos.

La vestimenta, que debería ser una herramienta para la satisfacción y bienestar personal, se acaba convirtiendo en una batalla diaria por encajar donde también participan variadas y potentes industrias como la cosmética o la dietética, que no tendríamos espacio para analizar en este artículo.

Por todo ello, es necesaria una mirada feminista que reconstruya las concepciones que atraviesan actualmente la moda, desde la estructura de producción de la ropa, hasta las pasarelas. El feminismo, también en este ámbito, nos abre las puertas a una sociedad más justa, igualitaria y diversa.

En una coyuntura donde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están ocupando una parte importante de la agenda política es necesario que empecemos a plantear cómo podemos aterrizarlo en forma de medidas concretas. El debate sobre la moda sostenible está abierto y encararlo con vocación de resolución práctica es más urgente y necesario que nunca.

Artículo tomado de Cuarto Poder

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