Hostelería y Comercio de Barcelona en crisis sistémica

El presente mes de septiembre no augura algún cambio positivo para estos importantes sectores productivos de Barcelona. Tras un julio y un agosto desastrosos, lo que viene no es más que aspectos similares a lo vivido. Aun hay dudas por los rebrotes y ello pone al comercio y hosteleria de Barcelona en una crisis sistémica. A continuación un artículo al respecto, publicado en La Vanguardia

El comercio y la hostelería de Barcelona no ven el fin del túnel
Aspecto de la calle Jaume I, en el turístico Barri Gòtic, con casi todas las tiendas cerradas y sin el bullicio que acostumbra a tener (Àlex Garcia)

Por ÓSCAR MUÑOZ 

(La Vanguardia) Desastroso. A punto de cerrar agosto, este es el adjetivo más repetido en los sectores del comercio y de la hostelería de Barcelona en su primer balance de este mes y el pasado, los de pleno verano. Ventas que en las zonas más céntricas y dependientes del turismo se han recortado hasta un 80%, reservas hoteleras testimoniales, con solo una cuarta parte de los establecimientos abiertos y una ocupación que a duras penas supera el 10%, bares y restaurantes a medio gas en el mejor de los casos… Un panorama nefasto, peor incluso de lo previsto cuando se reactivó la vida tras el largo confinamiento impuesto por la Covid-19. Y no tiene visos de mejorar, según las organizaciones empresariales consultadas. La incertidumbre sobre la evolución y la gestión de la pandemia trae malos augurios. Septiembre pinta mal. Y lo que queda de 2020, también.

La falta de turistas explica en gran manera la hecatombe. Buena parte del tejido comercial de la ciudad depende de los visitantes, ya que está dimensionado para atenderlos. Y sin ellos, no hay ingresos. “Es catastrófico, las caídas generales son del 40% y del 50%, y en algunos casos alcanzan el 80%”, valora Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, entidad que agrupa los principales ejes comerciales del centro, en los que el turismo tiene un mayor peso. Las rebajas no han paliado las cosas y la afluencia se ha mantenido baja. También afecta, y mucho, prosigue, “que muchos barceloneses acuden menos al centro y consumen más en sus lugares de residencia, en sus barrios”. Así, el comercio de proximidad no ha quedado tan tocado. “El teletrabajo –continúa– empuja en la misma dirección”. Y, por último, otro asunto controvertido: “La reconfiguración de la movilidad que el Ayuntamiento ha hecho con nocturnidad –lamenta Jené– que hace imposible acceder con normalidad en coche cuando la gente tiene miedo a ir en transporte público”.

Zonas críticas. La falta de turismo y de clientes locales ha dejado gran parte del centro semivacío

Barcelona Oberta estima que cerca del 60% de sus clientes son no residentes. “Así que ahora no queda otra que vivir del 40% restante”, apunta Jené , que es pesimista de cara a los próximos meses. “En el mejor de los casos, el 30% de los comercios del centro desaparecerán –augura–; está más que constatado”. Cree que solo sobrevivirá el paseo de Gràcia porque “es una calle del mundo, tiene marcas internacionales con gran capacidad de resistencia; seguirán porque no quieren perder su posición”.

Para Jené es urgente rescatar el centro de Barcelona. “Si seguimos igual –advierte– un porcentaje muy importante de la economía de la ciudad se va al garete”. A su juicio, “además de promocionar el comercio de los barrios, que está muy bien, hay que relanzar el centro con un plan ambicioso; porque se muere, puede acabar siendo un desierto cuando es un motor de Barcelona”.

La dualidad entre centro y áreas más periféricas también la constata la Fundació Barcelona Comerç, que agrupa ejes de barrios de todos los distritos. Su vicepresidente, Pròsper Puig, cuenta que las cosas han ido peor, por ejemplo, en Cor Eixample Sagrada Família, que en Sant Andreu o el Clot. “Julio no fue mal, en general, pero agosto sí, ha sido mucho peor de lo esperado”, lamenta. El recorte general de las ventas respecto a las de hace un año en estos comercios ronda el 20%, pero los hay que han sufrido un 50% y un 60%. Puig recuerda que “el factor emocional es fundamental y si la gente tiene miedo, no compra”. De cara a lo que queda de 2020, señala que “todo dependerá de cómo vaya la campaña de Navidad; ahí nos la jugamos, si no va bien, muchos comercios no sobrevivirán”.

Barrios resistentes. Los establecimientos de áreas más periféricas soportan mejor el azote de la crisis

En la misma línea, David Sánchez, presidente de Comertia, la patronal del retail de propiedad familiar, confirma caídas de la facturación de entre el 50% y el 60%, según las zonas y el tipo de establecimiento. “Algunos productos han aguantado bien e incluso han mejorado –detalla–, como los del hogar, porque las casas se usan más, o el deporte, con el ejemplo de las bicicletas”. Y hay otros, sigue, que son de primera necesidad, “que siempre funcionan, como la alimentación”; en cambio, “la moda va peor porque se ha reducido la actividad social”.

Los bares y restaurantes tampoco despegan y en muchos casos tienen difícil mantenerse. De hecho, muchos ya han cerrado y, advierte Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració, tal y como van las cosas, lo que queda de año será negro. “El 15% no ha abierto tras el confinamiento –asegura– y el 40% de los que sí lo han hecho tienen el cierre encima de la mesa si la situación no mejora”. En cualquier caso, prosigue, “seis de cada diez tendrán que hacer despidos”. Se trata, valora, “de una destrucción de tejido empresarial y de empleo sin precedentes en Barcelona”. La mayoría son pequeñas empresas que no tienen capacidad para resistir una crisis tan aguda.

Desplome de ingresos. Los negocios facturan entre un 20% y un 80% menos, según la tipología y ubicación

La restauración insiste en que las administraciones deben corregir dos elementos que son claves para su futuro más inmediato. Uno, explica Pallarols, “prolongar los ERTE de fuerza mayor hasta que el consumo se reactive, seguramente hasta Semana Santa” porque, recuerda, “los salarios son gran parte del coste en una actividad que genera, de promedio, el doble de empleo que los otros sectores”. Y el otro, agrega, “que los propietarios de los locales asuman parte del coste de esta crisis a través del precio de los alquileres”. De lo contrario, advierte, “será el propio mercado el que los haga bajar, pero por el camino habrán muerto muchos negocios”.

Los hoteles también sufren intensamente la crisis por el desplome del turismo. Ahora mismo hay 113 abiertos, el 25% de los que tiene la ciudad, según el último recuento proporcionado por el gremio sectorial. Y tienen una ocupación media bajísima, prácticamente testimonial, del 12%. En términos de empleo, supone que como mucho estén trabajando 3.500 personas de las 35.000 que ocupa el sector en la capital catalana. Julio y agosto han ido peor de lo que se esperaba a mediados de junio, en el inicio de la desescalada. “Los rebrotes, los mensajes confusos que se enviaron al exterior y la respuesta de los países que recomendaron no venir provocaron muchas cancelaciones e incluso que algunos hoteles que habían abierto volviesen a cerrar”, apunta Manel Casals, director general del Gremi d’Hotels, que también reclama poder prolongar los ERTE y exenciones de impuestos. “De todos modos –dice–, ya dábamos la temporada por perdida”.

Actividades amenazadas. Solo abre el 25% de los hoteles y el 40% de bares y restaurantes sopesa cerrar

Las perspectivas para los próximos meses no son mejores. “Seguiremos más o menos igual –augura Casals–, a no ser que de golpe tengamos una vacuna, algo ahora mismo impensable”. La previsión del sector es que en el próximo mes abran 52 hoteles y alcanzar el 37% del total, una cifra que el director general del gremio cree que acabará bajando. “Creemos que lo harán muy pocos”, augura. Tras el turismo de ocio, propio sobre todo del periodo estival, es el de negocios, el de empresas, el que viene a reuniones, ferias y congresos, el que gana terreno en Barcelona con el inicio del curso. Pero no parece que esto vaya a suceder este 2020. Malos pronósticos. Al túnel, oscuro, no se le ve fin.

Terrazas a medio gas: 2.300 ampliaciones autorizadas

Alrededor del 70% de las solicitudes resueltas para colocar o ampliar terrazas, según la regulación aprobada por el Ayuntamiento de Barcelona para paliar los efectos de la crisis del coronavirus, han sido positivas. Son unas 2.300, según ha podido saber La Vanguardia. El 30% restante, cerca de mil, son denegaciones. En total se han resuelto unas 3.300 solicitudes y queda un millar por resolver. Ciutat Vella es el distrito con más denegaciones (cerca del 70%), seguido por Gràcia (55%). Pero las peticiones presentadas por los bares y restaurantes de la ciudad han sido muchas más, superan las 6.600, según las fuentes consultadas. De este total, unas 2.300 no han prosperado porque tenían defectos insubsanables. Así, la medida funciona a medio gas. El 40% de las autorizaciones positivas son para terrazas en calzadas y el 60% en aceras y plazas. La medida, adoptada por el gobierno municipal con el apoyo de los grupos de la oposición en respuesta a una demanda en este sentido del Gremi de Restauració, incluye para este año y el 2021, una bonificación del 75% de la tasa y la reserva de más espacio público para colocar más mesas y sillas y, así, facilitar que el mantenimiento de la distancia entre personas fijada durante la pandemia no vaya en detrimento del aforo de los establecimientos. “De todas las medidas que las administraciones han puesto en marcha para nuestro sector, probablemente esta sea más efectiva”, valora el director del gremio, Roger Pallarols. Pero tiene dos críticas que, a su entender, no le restan valor pero sí eficacia. Una, inmediata, la desde su punto de vista “lentitud” de los servicios municipales a la hora de resolver las solicitudes, que “debía ser en un máximo de quince días y –asegura– se alarga más de dos meses”. Y la otra, que “la rebaja fiscal debería extenderse más tiempo, hasta el 2023, ya que los efectos de esta crisis van a ser muy largos”

Artículo publicado en La Vanguardia