El salto a la economía circular de las pymes agroalimentarias

La optimización en el uso de los recursos a través del reciclaje y la valorización de subproductos gana terreno día a día como filosofía empresarial no sólo para mejorar la rentabilidad sino por concienciación medioambiental. La economía circular marca ya la estrategia a la hora de acometer nuevos proyectos.

La economía circular se va abriendo paso cada vez más en las explotaciones y empresas agrícolas y agroalimentarias con la implementación de un modelo de producción basado en reutilizar, reparar, renovar, reciclar materiales y productos todas las veces que sea posible con el fin de poner en valor esos subproductos o residuos y evitar que acaben en vertederos y contaminen el medioambiente. Es una transformación que ahora tiene este nombre de economía circular, aunque en el sector ya se venía aplicando sin ser conscientes de este concepto. “Lo hemos hecho sin saber que era economía circular. Simplemente era el aprovechamiento que hacían nuestras abuelas”, explica Concha Molina, una de las propietarias de De Molina, empresa de Caspe (Zaragoza), que cultiva aceitunas, almendras y hortalizas con las que elaboran productos como la aceituna de mesa, paté de aceituna o con almendra… “Con la economía circular, le hemos puesto nombre a lo que ya hacíamos. Lo llamábamos sentido común”, añade Laura Marcén, socia fundadora de Ecomonegros, iniciativa que ya nació en Leciñena (Zaragoza) bajo esta premisa al centrarse la actividad en la recuperación de semillas antiguas como el trigo Aragón 03.

Y, aunque ya se aplicaba la economía circular sin que todavía existiera el concepto, lo cierto es que las empresas agrícolas y agroalimentarias son ahora más conscientes de todas las posibilidades que ofrece aplicar estos principios con el fin de obtener más valor añadido y ser más competitivos, mientras se reducen al mínimo posible los residuos.

En De Molina, “siempre hemos intentando sacar el máximo partido de la producción agrícola y de cada producto. Por ejemplo, con la guindilla roja -el mercado solo quiere la verde-, la empezamos a usar para banderillas picantes y pensamos que hay personas a las que les gusta el sabor picante. Comenzamos también a hacer una salsa”. Es uno de los pasos que han dado porque “tanto en fábrica como en el campo somos muy cuidadosas, sobre todo, con el medioambiente. Trabajamos siempre en cristal, con etiquetas reciclables, tapas de aluminio… Hemos hecho cosas por concienciación y lo vamos a seguir aplicando ahora con más conocimientos”, que han adquirido dentro del proyecto Embrace, impulsado por la Sociedad Aragonesa de Gestión Ambiental (SARGA) en 2018 y que ha finalizado recientemente con la participación de 14 empresas para ayudarles en su transformación hacia la economía circular.

“Cuando tienes una producción y es limitada -en nuestro caso son 30 hectáreas-, intentas sacar partido a esa poca producción que tienes y, ahora, sabiendo sobre economía circular, se nos han abierto más perspectivas para, por ejemplo, hacer más con el piñuelo, la almendra… y buscar otras alternativas porque creemos que se puede sacar más rendimiento”, indica Concha Molina. Entre las líneas en las que ahora se van a centrar en De Molina está el reciclado de líquidos -en la fermentación del producto se necesita vinagre o salmuera- para el que se busca algún otro uso para lo que se están haciendo estudios. También trabajan en reducir los residuos y en tener alternativas al piñuelo y almendra. “El residuo es casi mínimo y es orgánico. Ya hacíamos compostaje para reciclarlo en el campo, pero con los huesos de las aceitunas hemos encontrado una empresa que los puede utilizar y tenemos la intención de hacer un subproducto”.

Economía circular desde el principio

La economía circular también ha estado siempre presente en Ecomonegros, proyecto que ha ido creciendo y ampliando desde el cultivo del trigo Aragon 03 a realizar productos como panes, tortas, galletas o pastas, que comercializan en sus tres tiendas propias en Zaragoza. “Hay muchos sitios en los que se puede aplicar economía circular y de muchas maneras diferentes, si no siempre te centras en que sea económico de producir y que no genere residuos por el medioambiente, pero siempre puedes ir un paso más allá. Lo que pasa es que la economía circular tiene que tener sentido económico también, sino no lo vas a hacer. Lo que tienes que acabar haciendo es que los resultados salgan y, la verdad, es que salen porque cualquier proyecto lo deshaces en pequeñas tareas y es en ellas donde vas aplicando principios de economía circular. Estas pequeñas acciones nos ayudan a tomar decisiones más rápidas y a tener las cosas claras”, incide Laura Marcén de Ecomonegros.

La aplicación de la economía circular en esta empresa va más allá de valorar lo que se cultiva en la tierra y de comer producto de temporada. “Ahora cada vez que planteamos un producto nuevo, vemos cómo se puede reducir o si lo que en un producto es un residuo, puede ser un nuevo producto -en panadería no es fácil-, pero sí en el uso de las harinas”. Por ejemplo, la empresa ha eliminado el uso de la cernidora de harina porque no tenían un buen uso para el salvado. “Hacíamos más trabajo y generábamos un residuo. Decidimos eliminarlo y hacer un producto integral más completo”. Además, en Ecomonegros, también se ha apostado por la instalación de placas solares en el tejado del obrador, consiguiendo que la base de su consumo eléctrico sea sostenible y una bajada de un 15% en el coste total de la factura de la luz. A estos principios, se han sumado otras líneas de acción, que van desde la contratación de personas del entorno o que viven cerca para evitar desplazamientos y los gastos de energía correspondientes a tener los mostradores de las tiendas a la altura de todas las personas que trabajan para velar por su bienestar.

Las medidas de eficiencia energética han sido implementadas también por Taisi, empresa situada en Calatayud (Zaragoza) y especializada en la fabricación de conservas de frutas, que ya trabajaba también en economía circular con acciones que no eran valoradas bajo ese concepto. “Lo hacíamos por otros motivos como el ahorro energético, de costes o de comodidad en el proceso”, señala Alberto Pablo Torres, responsable del Departamento de Calidad de Taisi. La participación en el proyecto Embrace “nos ha hecho el planteamiento inicial de estas medidas y no aplicar una medida para solucionar algo que me ha surgido como un problema y aplico la economía circular para solucionarlo. Ahora enfocamos ya los nuevos proyectos, productos o líneas pensando en los conceptos de economía circular y en cómo solucionar los problemas antes de que me surjan. La incluimos en el inicio de los proyectos”.

En Taisi ya vienen empleando envases retornables. Los cubos en palés para suministro de las frutas confitadas y mermeladas para clientes industriales han sido sustituidos por contenedores de acero inoxidable con los que no se genera residuo y que vuelven a la planta para ser utilizados de nuevo. También utilizan subproductos o materias primas que antes desechaban para darles un segundo valor. “Por ejemplo, con lo que sobra de hacer discos de naranja o de los que están rotos o no son bonitos para decoración, se tritura y se hace una pasta que nuestro cliente lo incluye en una pasta de bizcocho. Antes eran kilos que se desechaban y se les buscó este nuevo producto en lugar de desecharlos”.

La empresa, que compra la mayoría de sus frutas a agricultores y cooperativas de la zona, también composta el 100% de todos sus residuos orgánicos. “Con el residuo orgánico que generamos en un año, calculamos que se pueden generar unas 70 toneladas de compost”. Además, se estima que la huella de carbono producida en Taisi por gestionar sus residuos se ha podido reducir en un 30%por el cambio en la gestión.

Producción cárnica para recuperar un pueblo

La aragonesa Carnísima -especializada en la producción y comercialización de carne ecológica y de buena calidad de ternera, ovino, cerdo y ave- también nació abrazando la economía circular. “Creemos firmemente”, afirma el empresario Ricardo Buil. En esta empresa, se está investigando en materiales de envasados biobasados, reciclados y reciclables para envases alimentarios. “Trabajamos intensamente en el equilibrio entre marketing, usabilidad y ecodiseño”. Una línea de actividad que ya “se está aplicando en algunas áreas de envasado y reciclaje. Próximamente, abriremos una nueva planta en la que centralizaremos el envasado”.

La economía circular se aplica en todas las áreas de la empresa. “Los impactos más graves para el medio ambiente se producen en la fase de producción de la carne, en la agricultura y el procesamiento posterior. Apostamos por una agricultura y ganadería sostenibles, ecológica, donde restauramos praderas y pastos naturales, garantizando la fertilidad del suelo de forma natural con la integración de la gestión de animales, cultivos y pastos. Lo hacemos con nuestra producción directa y apoyando a los productores que trabajan en esta línea”, asevera Ricardo Buil. En Carnísima, también se comparten recursos con otras compañías. “En muchos productos que se tiran, hemos encontrado demanda para los mismos, y empresas que tienen servicios de alto coste en infraestructura nos los prestan a nosotros a cambio de carne ecológica u otros productos especiales que producimos”.

La apuesta por la economía circular aún va más allá con el proyecto que se está llevando a cabo desde hace seis años en la Sierra de Guara, en la provincia de Huesca. “Es una finca de 1.500 hectáreas, con un pueblo deshabitado, un lugar abandonado por la sociedad que ya no servía para vivir en él. Carnísima planteó un proyecto importante y una inversión que aplica la lógica, la economía circular, la ecología y la búsqueda de los más altos estándares de calidad. Al principio nadie creía en esto pero, ahora, en ese lugar abandonado se producen alimentos vegetales y animales, de gran calidad para la alimentación humana y animal, en completa sincronía con el ecosistema, mejorando el entorno a nivel medioambiental, acercando a las personas a este nuevo modelo de vida, de turismo y de alimentación que ha venido para quedarse. De forma natural, hemos convertido un lugar que ya no servía, en un lugar que produce y aporta valor a todos los niveles. Esto se ha hecho simplemente aprovechando todos los recursos que tenía”.

Quesos, cervezas y frutas

Además de estas empresas, dentro del proyecto Embrace, también se ha trabajado con otras iniciativas como Quesos La Litera, que sigue prácticas sostenibles y ecológicas en su producción como la optimización de recursos con la utilización de cinco litros de leche para elaborar su queso frente a los 12 litros que pueden precisarse en un queso industrial. Además, su producto de mayor éxito, no está envasado y se ajusta con una cuerda natural que sujeta la etiqueta. Ahora, están buscando una alternativa para envasar trozos de queso -no es posible emplear el sistema de la cuerda natural de los quesos enteros-, con el fin de sustituir el film para el sellado al vacío. El trabajo se centra en el papel biodegradable como el de base de maíz. En esta búsqueda de alternativas, colaboran con una imprenta de 3D y con el Instituto Tecnológico de Aragón (ITAINNOVA).

La cerveza ecológica artesanal de Cervezas Borda también apuesta por la economía circular. Situada en Aineto (Huesca), en uno de los valles más despoblados, se ha marcado el objetivo de crear empleo para finalizar la despoblación. Otro buen ejemplo es Agrícola Gil, en Zaragoza, que vende y distribuye frutas a las grandes cadenas de supermercados y que está trabajando en una línea para promocionar y añadir valor a las frutas que se descartan en el mercado por su aspecto y no son aceptadas por las tiendas o supermercados.

Por: Eva Sereno, elEconomista.es