¿Debemos ir a un confinamiento total?

Las medidas de confinamiento adoptadas en todo el territorio español para intentar frenar la expansión de la Covid-19 son excepcionales. Tanto, que se convierten de difícil cumplimiento para mucha gente. Sin embargo, la comunidad médica tiene muy claro que este es el camino a seguir para evitar un colapso del sistema sanitario, así como un incremento exponencial de las personas infectadas y, consiguientemente, de la mortalidad.

Tengo la impresión de que mayoritariamente se entiende la importancia que tiene el nivel de confinamiento actual. Ya no tengo tan claro si deberíamos optar por un confinamiento total, tal y como ha pedido el gobierno catalán en varias ocasiones. En todo caso, a pesar de que los movimientos se han reducido drásticamente, aunque somos testigos de aglomeraciones al transporte público, lo que complica (o hace imposible) el seguimiento estricto de las medidas de precaución con que nos bombardean incesantemente a lo largo de estos días, como mantenernos a un metro (o dos) de distancia del resto de personas. Por lo tanto, ¿hay que cerrar el transporte público y abrir sólo las empresas dedicadas a servicios básicos como la alimentación, la sanidad, etc.?

Para intentar hacer un poco de luz sobre este tema, me quiero centrar en un artículo académico ( Economic activity and the spread of viral diseases: evidence from high frequency data, de J. Adda, 2016) que analiza el efecto de dos de las medidas principales de aislamiento social, es decir, el cierre de las escuelas y del transporte público, para evitar el contagio de enfermedades víricas. El estudio utiliza datos de tres enfermedades causadas por un virus y, por tanto, con un alto riesgo de contagio, de todas las regiones francesas, durante veinte y cinco años, de 1984 a 2010. Hablamos de la gripe, la gastroenteritis y la varicela.

Afortunadamente, el cierre tanto de las escuelas como del transporte público debido a una epidemia es un hecho muy poco habitual en la actualidad. De este modo, el autor del artículo utiliza las vacaciones escolares y las huelgas en el transporte público para evaluar los efectos sobre los contagios.

El poder de seguimiento que tienen las convocatorias sindicales de huelga en el país vecino resulta admirable. Además, las convocan de manera bastante regular y coordinada (prácticamente) todos los operadores de transporte público. Así pues, del año 1984 al 2010, el autor contabiliza entre 19 y 28 semanas de huelga en función de la región.

Muchas de estas jornadas de huelga coinciden con épocas de elevada incidencia de las tres enfermedades. Por ello el artículo analiza si el contagio merma de manera significativa a lo largo de las semanas posteriores a la convocatoria sindical en cada una de las regiones.

Dado que la incidencia y los efectos de la enfermedad varían según la edad (como ya hemos comprobado en el caso de la Covid-19), el autor divide el análisis en tres grupos de edad diferentes: niños y jóvenes de 0 a 18 años, adultos de 18 a 64 años, y personas en edad de jubilación, de 65 años o más.

Los resultados muestran que, en el caso particular de la gripe, durante las dos semanas posteriores a la convocatoria de huelga la incidencia de la enfermedad se reduce entre un 15% y un 25% en los colectivos de niños y adultos. En cambio, el cierre del transporte público no disminuye la incidencia de la gripe en el grupo de gente en edad de jubilación, ni tampoco de la varicela o la gastroenteritis.

Evidentemente, la reducción de la incidencia de la enfermedad que se logra mediante el cierre del transporte público durante una sola semana es muy importante, pero ¿es un impacto similar al que se obtiene con el cierre escolar?

A diferencia de las escuelas catalanas, en el caso francés los niños en edad escolar tienen cinco períodos de vacaciones distribuidas a lo largo del año. Empleando la misma técnica que en el caso de las convocatorias sindicales, el estudio muestra que la incidencia de la gripe se reduce un 20% -30% durante las cinco semanas inmediatamente posteriores al cierre de las escuelas, y el efecto se observa en los tres grupos de edad.

Sin embargo, no hay duda de que existen importantes costes económicos que también se deberían tener en cuenta. De hecho, el estudio concluye que, en el caso de la gripe, tanto el cierre de las escuelas como el del transporte público durante dos semanas resulta demasiado caro en comparación con los beneficios monetarios que representa la disminución de la incidencia. Sin embargo, también apunta que estas medidas serán rentables en el caso de epidemias con una mortalidad más elevada. Aunque todavía no se dispone de cifras totalmente fiables para calcular la mortalidad de la Covid-19, la Organización Mundial de la Salud asegura que la mortalidad de esta nueva epidemia es más alta que la que provoca la gripe; por tanto, las dos medidas quedarían justificadas desde un punto de vista económico.

Artículo publicado en ARA CAT escrito por Judit Vall

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