Una nueva Política de Competencia Verde

Todo lo referido a las fusiones, la aplicación de las leyes antimonopolio, el control de ayudas estatales, entre otros componentes estratégicos de la Ley de Competencia Europea apoyarán la transición a lo verde. Se plantea proteger, aun más, la competencia que impulsa a las empresas a innovar mejor y operar de manera más sostenible.

Por: Miguel Castañeda Loayza

Nos movemos en esquemas de libre mercado, donde las personas y empresas somos libres de iniciar o terminar algún desafío empresarial, con el fin de obtener beneficios y lucro. En un sistema como tal, de apertura y libertad empresarial, se tiene la confianza de que el libre intercambio entre compradores y vendedores es el mejor sistema para alcanzar la productividad y la eficiencia corporativa.

Sin embargo, las evidencias demuestran que no siempre se alcanza el bien común. De no existir reglas de protección, sería muy difícil, por la misma naturaleza competitiva de los seres humanos, que aquellos con mayores ventajas de origen no se vean tentados a desarrollar ciertos mecanismos de concertación de precios, colusión o monopolios.

En ese proceso desigual, sin leyes y normas de protección, habría muchos menos ganadores y muchos más perdedores de los que actualmente existen. Es por ello que, es imprescindible que en algunas ocasiones sea necesario que el Estado intervenga con el fin de prevenir y sancionar conductas que estén orientadas a limitar la sana competencia.

Entonces el objetivo de las distintas leyes de Competencia de las naciones es desarrollar un ecosistema idóneo para que las personas y las empresas puedan competir libremente, sin mecanismos de abuso de posición dominante ni tentaciones a la colusión u otros vicios. Al final, lo que se busca es que se obtengan beneficios por mérito propio.

El día de ayer 10 de septiembre, en el marco de la Vigésimo Quinta Conferencia sobre Competencia de la Asociación Internacional de Abogados (IBA), la comisaria europea de la competencia, Margrethe Vestager, pronunció un discurso sobre la nueva Política de Competencia en Apoyo al Pacto Verde Europeo. En él confirmaba la orientación de Europa de convertirse en el primer continente carbono neutral en 2050 (Para mí y algunos otros , tal vez antes, si la situación climática se sigue complicando)

“Lo que necesitamos ahora es una revolución verde. Tendremos que transformar la forma en que alimentamos nuestras vidas. Tendremos que reemplazar una economía lineal por una circular y hacer grandes inversiones en infraestructura: en plantas eólicas y solares, en edificios energéticamente eficientes, en redes de estaciones de servicio para cargar autos eléctricos o llenar con hidrógeno verde” afirmaba la comisara europea.

Sobre lo que viene

Vestager manifiesta que, en estos momentos, las empresas se enfrentan a poderosos incentivos para encontrar formas más sostenibles de hacer negocios. Los consumidores están exigiendo productos más ecológicos y respetuosos con el entorno. Por otro lado, los impuestos y las normas ambientales encarecen a las empresas cuando operan de manera que dañan el planeta. Es cierto y ello ya no tiene vuelta atrás y cada vez va a ser mucho más fuerte.

“Pero es la competencia la que realmente transmite esas presiones al proceso de toma de decisiones de la sala de juntas. Es la necesidad de competir lo que empuja a las empresas a hacer más para satisfacer las necesidades de los consumidores y utilizar recursos menos costosos: cambiar los modelos de negocio, por ejemplo, o invertir en innovación ecológica. Entonces, uno de los principales mensajes es la necesidad de apoyar la transición verde haciendo cumplir nuestras reglas con más vigor que nunca”.

Todo lo referido a las fusiones, la aplicación de las leyes antimonopolio, el control de ayudas estatales, entre otros componentes estratégicos de la Ley de Competencia Europea apoyarán la transición a lo verde. Se plantea a proteger, aun más, la competencia que impulsa a las empresas a innovar más y operar de manera más sostenible.

Las Fusiones, los Monopolios y las Ayudas Europeas.

En el marco de las fusiones, por ejemplo, la Comisión Europea, desde marzo de este año ha publicado una guía para alentar a las autoridades nacionales de competencia de Europa a remitir fusiones que las Naciones miembros creen que deben revisarse. Incluso si no tienen el poder de revisar esas fusiones por sí mismas. En ese sentido, el propósito es que los asuntos vinculados al control de fusiones protegerán, aún más, la innovación verde. “En los últimos años, ya hemos tenido que intervenir varias veces para proteger los esfuerzos innovadores para encontrar pesticidas menos tóxicos o para desarrollar turbinas más eficientes desde el punto de vista energético. Y seguiremos defendiendo enérgicamente la innovación en el futuro”.

En cuanto a los monopolios, la Comisión está cada vez más cerca de aquellas empresas que, protegiéndose en el discurso de la sostenibilidad, han desarrollado concertaciones o acuerdos que incrementan sus beneficios, pero perjudican el planeta y a los consumidores. En julio de este año, por ejemplo, se multó a un grupo de fabricantes de automóviles con 875 millones de euros por aceptar no competir para producir automóviles más limpios. Para Vestager, en la práctica, las empresas deben establecer normas conjuntas para lo que se considera un producto ecológico o agrupen recursos para acelerar la innovación ecológica. Pero al centro debe existir una evidencia clara de que no se está perjudicando al consumidor ni al planeta. Incluso podría significar que las empresas acuerden eliminar los productos sucios de sus cadenas de suministro, sin verse obligadas a hacerlo por la regulación.

Pero es cierto que cada acuerdo es diferente. “Para decidir si un acuerdo de sostenibilidad es legal, debemos sopesar cuidadosamente los beneficios que trae con el daño que podría causar a los consumidores. Es por eso que, la mejor forma de orientación para las empresas proviene de nuestras decisiones en casos individuales, como nuestro caso del cártel de emisiones de automóviles en julio, que brindó algunos consejos importantes sobre lo que está y no está permitido”.

En cuanto a las ayudas, el asunto es aun mas serio en cuanto a competencia se refiere. Mas aun ahora que tenemos un importante paquete de ayudas por gestionar en el marco del Next Generation UE. Para Vestager las ayudas estatales más ecológicas no solo significan más dinero para inversiones sostenibles. También significa que no deberíamos utilizar ayudas estatales para proyectos que empeorarán el cambio climático. Es por eso que las nuevas reglas alejarán a los gobiernos de las inversiones que utilizan los combustibles fósiles más contaminantes, como el carbón, el lignito o el petróleo. E incluso para el gas, las reglas desalentarán el apoyo que es más que una solución estrictamente temporal.

Una forma muy eficaz de hacerlo es mediante licitaciones competitivas. “Desde que comenzamos a exigir un mayor uso de licitaciones para los subsidios de energía renovable, hemos visto una gran caída en el costo de esos subsidios. Por tanto, según las nuevas normas, las ayudas para ayudar a la industria a descarbonizar también deberían otorgarse mediante licitaciones competitivas. Y para ayudar a que nuestras inversiones ecológicas sean aún más eficientes, los gobiernos también deberían ser transparentes sobre cuántos euros de subsidio se necesitan, para cada proyecto, para ahorrar una tonelada de CO2. De esa manera, podemos enfocar nuestros recursos limitados en los proyectos que producen los mayores beneficios para el clima al menor costo”, culminaba su discurso Vestager .

Sin embargo, no todo se ve bien para Simon Holmes , investigador en estas temáticas, quien, en el último evento desarrollado por ESCI UPF, afirmaba que si bien es cierto el enfoque de Sostenibilidad y el Derecho de la Competencia avanzan como temas candentes, «menos positiva es la forma en que la Comisión aplica esto de tal manera que los acuerdos para limpiar la producción de algunos de los productos más contaminantes podrían prohibirse, si solo unos pocos clientes compran los productos en cuestión (a pesar de que su consumo está causando el problema y la sociedad en su conjunto se beneficia de la limpieza de su producción)».

Cierre

Lo que entendemos del planteamiento de Europa es que está tratando de plantear cómo las reglas de la competencia pueden respaldar mejor el Acuerdo Verde, sin entrar en mayores controles y/o sobrerregulaciones. Ese es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo. Pero si queremos descarbonizar Europa el 2050 o disminuir las emisiones de GEI en 55% para el 2030 (Fit for 55) , uno de los mecanismos será, sin duda, un ajuste serio a la Ley de Competencia. Porque es el marco jurídico – normativo y las ayudas lo que motiva las adecuaciones de los comportamientos organizacionales. Como muchas veces comento con mis colegas y alumnos, las iniciativas de reflexión, las manifestaciones públicas, las movilizaciones gremiales, los Smart Mobs y el activismo ambiental, son necesarios. Pero ello, por sí solo, no cambiará nada. Son alguna forma de incentivos y ayuda a reflexionar, posiblemente. Lo que realmente hará que las organizaciones y el gran sector corporativo acelere su tránsito a la descarbonización será un efectivo programa de incentivos, ayudas signados en una buena regulación que proteja a todos. Allí está el ejercicio delicado. Allí se encentra la línea delgada de la efectividad normativa.

En ese sentido, de la misma manera como el Derecho Corporativo tiene su peso específico en este proceso y así como la Lay de Cambio Climático está ejerciendo presión hacia un nuevo orden, los otros instrumentos legales vinculantes como la Ley de Competencia deben estar al ritmo de los desafíos.  ¿Alcanzará Europa a desarrollar sus planes de descarbonización? ¿Es suficiente lo que se viene desplegando en este marco? ¿Está abarcando todos los asuntos de competencia este nuevo esquema de política multilateral?

Esto es central, porque lo que funcione o fracase desde Europa será un referente para el resto del mundo y para todos los sectores, en especial para el gran sector corporativo. De ello depende la sostenibilidad del planeta. Finalmente, por otro lado, veremos también lo qué pasa en Glasglow , en noviembre, que también definirá mejor la distancia que nos queda hacia el norte.

El autor dirige el Centro de Investigación Sustainability Worldwide Center 2050 y es fundador y CEO de la Escuela de Graduados Catalyst Sustainability Graduate School con operaciones en Europa y América Latina