La Salud, otro pilar para la sostenibilidad global

La salud es actualmente uno de los objetivos de la Agenda de la ONU para el desarrollo sostenible. No siempre ha sido considerado uno de los puntos a tener en cuenta en un análisis global de sostenibilidad; pero en situaciones de emergencia sanitaria global como la del Covid-19, vemos que la salud es uno de los pilares fundamentales para nuestra sociedad, y que por tanto, sin ella no puede existir una sostenibilidad plena.

Como se ha podido comprobar, sin salud no puede haber, como mínimo, ni desarrollo económico ni bienestar social, dos de las tres dimensiones de la sostenibilidad. 

La salud de las poblaciones depende directamente de la posibilidad de acceder a fuentes de agua limpias, de contar con sistemas de evacuación de aguas residuales, de ambientes libres de contaminación, del control de enfermedades y epidemias, y de la disponibilidad y posibilidad de acceso a los servicios sanitarios (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2015). 

El último Informe sobre Riesgos Globales de World Economic Forum sitúa las enfermedades infecciosas como el primer factor de riesgo percibido en el estudio en cuanto a impacto y probabilidad (Ver Anexo 1); Como riesgo social, se sitúa en primer lugar por encima de la crisis de sustento o la migración involuntaria, y como riesgo global, se sitúa en primer lugar por encima de la acción fallida por el clima (en segundo lugar como factor de riesgo global percibido) o la pérdida de biodiversidad (World Economic Forum, 2021). 

La premisa principal del siguiente estudio es que la salud es, cuando menos, un pilar más para la sostenibilidad global. Así, el objetivo del presente análisis es aprovechar la necesidad de reflexión de la situación actual de la pandemia mundial para revisar las prioridades de los gobiernos, respecto a sus sistemas sanitarios, los cuales deberían armonizarse el máximo posible con la salud de sus ciudadanos, y ver así cuán sostenibles son los gobiernos respecto a la salud. 

La Salud en los ODS de la Agenda 2030 de la ONU 

La salud se incluye actualmente en los objetivos de desarrollo sostenible, principalmente en el ODS número 3, que se resume en “asegurar una vida saludable y promover el bienestar para todos y para todas las edades”. 

Este ODS pretende alcanzar los siguientes fines específicos: 

– Reducir el ratio global de mortalidad materna. 

– Acabar con las muertes prevenibles de niños y recién nacidos. 

– Erradicar la epidemia de VIH, tuberculosis, malaria y otras enfermedades infecciosas. – Reducir la mortalidad de enfermedades no transmisibles. 

– Mejorar la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias. 

– Reducir a la mitad las muertes y daños por accidentes de tráfico. 

– Asegurar el acceso universal a servicios de cuidado de la salud reproductiva y sexual. – Conseguir una cobertura sanitaria global. 

– Reducir el número de muertes y enfermedades por contaminantes peligrosos y contaminación. (United Nations, 2020) 

Una de las premisas de la Agenda 2030 es que los ODS se logren integradamente. Si analizamos esta premisa, queda evidente que todos los ODS se interrelacionan entre sí. Pero el caso de la salud es particular, ya que según la ONU, en todos los ODS se encuentran 59 indicadores relacionados con la salud (ver Imagen 1). Con esto, podríamos reafirmar la premisa principal del estudio con otras palabras: La salud también sostiene al desarrollo. 

Cómo se logra la inclusión de la salud en los ODS de la Agenda 2030 

La salud siempre ha sido una de las prioridades de los gobiernos, aunque en pocas ocasiones la de todos, ni tampoco la más importante. Podemos considerar que el abordaje global de la salud empieza con la constitución de la Organización Mundial de la Salud el 7 de abril de 1948. En motivo de esta fecha se celebra cada año el día mundial de la Salud. 

Imagen 1. Indicadores de ODS relacionados con la salud. Elaboración propia sobre la base de la fuente original: World Health Data Platform. WHO, 2020. 

La OMS nace de la Organización de las Naciones Unidas. Desde sus inicios en 1945, se discutía la necesidad de crear una organización global para la salud. Pocos años después se decide constituir la OMS partiendo de unos principios básicos, algunos de los cuales son: “Los gobiernos son responsables de la salud de sus ciudadanos, la cual puede lograrse únicamente con la provisión de medidas sanitarias y sociales adecuadas.” y “La opinión informada y la cooperación activa por parte del público son de suma importancia en la mejora de la salud de las personas.” Al día de hoy, la OMS permanece comprometida con sus principios establecidos en el momento de su creación, los cuales suponen una referencia para las políticas de salud en todo el mundo. También mantiene sus estándares éticos, que comparte con la ONU, y se basan en los valores de derechos humanos, universalidad e igualdad. 

En ese momento todavía no se hablaba del amplio concepto de la sostenibilidad, hasta casi medio siglo más tarde, cuando la ONU empieza a hablar en este término y a ponerlo en contexto. Para llegar a ese momento conviene analizar el recorrido que ha dado tanto la OMS como la ONU a lo largo de los años. 

Gran parte de los esfuerzos globales de la OMS se han hecho visibles en sus campañas de erradicación de enfermedades infecciosas como la polio, la cual empezó en 1988 y desde entonces se ha logrado vacunar a más de 2 billones de niños. 

Es en la constitución de la Agenda 21 en 1992 cuando se da un punto de inflexión en la filosofía de la ONU. En el capítulo 6 de la agenda (Proteger y promover la salud humana) se reconoce oficialmente y por primera vez la estrecha conexión entre la salud y el desarrollo. En este apartado se lanza una previsión global sobre la influencia del desarrollo en la salud: “Tanto el desarrollo insuficiente que resulta en pobreza como el desarrollo inapropiado que resulta en sobre consumismo, combinado con una población mundial en aumento exponencial, puede originar severos problemas de salud ambiental tanto en países en desarrollo como desarrollados.” 

Casi una década después, en el año 2000, se declaran los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La salud va ganando terreno en el abordaje del desarrollo global, abarcando está vez 3 de los 8 puntos de dicha declaración, los cuales son: reducir la mortalidad infantil (ODM1 4), mejorar la salud materna (ODM 5) y combatir el VIH/ ETS, la malaria y otras enfermedades (ODM 6). A lo largo de la siguiente década (2001-2010) la ONU se compromete a actuar en el ODM 6 con el plan de la década para combatir la malaria en países en desarrollo, particularmente en África (World Health Organization, 2020). 

En 2002 se celebra la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, Sudáfrica. En el proyecto de resolución se reafirma que los objetivos principales para el desarrollo sostenible son la erradicación de la pobreza, la modificación de las modalidades insostenibles de producción y consumo y la protección de los recursos naturales. Aun así, en el Plan de Implementación de las decisiones de la Cumbre Mundial, la salud humana, aparte de estar inherente dentro de los objetivos principales mencionados, tiene su propio apartado (United Nations, 2002). 

En resumen, en el apartado de salud del plan de implementación se pide prestar servicios básicos de salud a toda la población y reducir las amenazas ambientales para la salud, teniendo en cuenta el vínculo entre la pobreza, el medio ambiente y la salud. 

En el plan se relata que los humanos tenemos derecho a una vida saludable y productiva. Sin esto, los ODS no pueden lograrse. Por lo tanto, urge afrontar las causas de salud deficiente, incluidas las causas ambientales, poniendo mayor foco en las mujeres, los niños y otros grupos vulnerables como las personas con discapacidades, personas de edad avanzada y las poblaciones indígenas. 

Y como aspecto inherente a los objetivos principales, la salud constaba, entre otros, en los apartados de: 

Erradicación de la pobreza, donde se cita “aumentar el acceso al saneamiento para mejorar la salud de los seres humanos y reducir la mortalidad de los lactantes y niños”, reduciendo drásticamente a la mitad para el año 2015 la proporción de personas que no tienen acceso a agua potable, implementando sistemas eficaces de saneamiento en hogares e instituciones públicas, en especial en escuelas, junto con promover la educación sobre prácticas higiénicas. 

Consumo y producción sostenible, donde se cita “elaborar y aprobar voluntariamente instrumentos para informar a los consumidores sobre el consumo y la producción sostenibles, incluidos los aspectos relacionados con la salud humana y la seguridad, que sean eficaces, transparentes, verificables, no engañosos y no discriminatorios”. Además se menciona la necesidad de reducir los riesgos habituales para la salud en el entorno laboral, generados por la exposición a residuos, productos químicos y metales pesados. 

Protección de los recursos naturales, donde se cita “intensificar la prevención de la contaminación del agua con el fin de reducir los peligros para la salud.” Relacionado con la protección de los océanos, se cita que “los océanos, los mares, las islas y las zonas costeras constituyen un componente integrado y esencial de los ecosistemas de la Tierra y son fundamentales para la seguridad alimentaria mundial.” En el mismo apartado, se insta a los gobiernos a establecer mecanismos de seguridad para el transporte marítimo de material radiactivo, “teniendo en cuenta las gravísimas consecuencias para el medio ambiente y la salud humana.” 

Desarrollo sostenible en pequeños estados insulares en desarrollo, donde se menciona de forma prioritaria la necesidad de fortalecer sus sistemas sanitarios, lo cual incluye “promover un acceso equitativo a la atención sanitaria, a los fármacos y la tecnología necesaria para hacer frente a las enfermedades contagiosas más problemáticas en dichas regiones, controlar la contaminación y los desechos y sus efectos en la salud y asegurar un adecuado suministro de agua en zonas urbanas y rurales.” (United Nations, 2002) 

Finalmente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales surgieron en la ONU en 2015 como parte del programa de la Agenda 2030, pasaron a ser un punto de inflexión importante. Para Europa, supusieron una sucesión a programas de la agenda europea como los Objetivos del Milenio (MDGs) o la Agenda Europea 2020. Los ODS autorizan la reflexión y la acción en un amplio rango de importantes asuntos globales. Ursula Von der Leyen pareció comprometerse con dichos objetivos, diciendo que se mantendría al día y recentraría la Comisión Europea para el cumplimiento de dichos propósitos. El Parlamento Europeo tomó los ODS como unos objetivos unificadores para la UE más amplios que los ODM y como una herramienta más para la elaboración de políticas. De acuerdo con este compromiso, se ha definido acción política para cada ODS en concreto. 

En el caso de la salud, el foco evidente está en el ODS 3, un compromiso “para asegurar vidas saludables y promover el bienestar para todos y todas las edades”. Dicho objetivo incluye requisitos como una cobertura sanitaria universal o la atención a varios determinantes de la salud. 

Aparte del ODS específico nº3, si se analiza de forma holística, casi todos los ODS tienen claros co-beneficios para la salud, tal y como se muestra en Imagen 1. Por ello, es improbable que todos ellos se logren alcanzar sin invertir en la salud y en los sistemas sanitarios. Explorar dichos co-beneficios es una manera de dar coherencia a conversaciones intersectoriales y autorizar a defensores de salud a luchar por estos objetivos y demandar acciones políticas necesarias (World Health Organization, 2019)

Lo que diferencia el abordaje de la salud del año 2000 (ODM) con el de 2015 (ODS) es que este último presenta una visión mucho más global. Los ODM pretendían tratar problemas emergentes y urgentes de salud, como lo fueron el VIH, malaria y la mortalidad infantil. En la actualidad, la salud global no olvida estos retos, pero incluye problemas de salud emergentes debido al cambio de hábitos en los países desarrollados: Las enfermedades crónicas no transmisibles. Ahora, la pandemia del coronavirus está poniendo nuevamente en debate la importancia vital de una gestión sanitaria estructural para el bienestar de las personas. Ciertamente, la gestión de la salud para la sostenibilidad del planeta atraviesa por un sistema sanitario más estratégico y ambicioso.

Por: Diana Vidal